Saltar al contenido

La falacia del hombre de paja

Carlos Arturo Serna Jaramillo

domingo, 9 junio 2019

COMPARTIR LA NOTICIA:

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

La falacia del hombre de paja es un engaño argumentativo por el cual se busca llevar al opositor a un terreno donde sea blanco fácil de combatir, de ponerlo en situación caricaturesca, distorsionar su punto de vista. Al retorcer el argumento, se conduce la discusión a un punto donde se crea la confusión de términos que no corresponden con lo que efectivamente se trata. La falacia, cuando se hace pública, tiene impacto propagandístico y da la impresión de que ha sido devastadora y conclusiva por la forma en que se arremete contra el contradictor. Es la política el lugar preferido para que esta falacia tenga presencia y se use de modo indiscriminado.

Un ejemplo del hombre de paja o espantapájaros se encuentra en la siguiente afirmación: “El Acuerdo de la Habana es un pacto de cogobierno con los narcotraficantes”. Es tan retorcida esta afirmación que quien opine o llegare a opinar a favor del Acuerdo está en situación de verse señalado como alguien que apoya el narcotráfico. Basta con semejante accionar para que la discusión se pierda en un barullo de enredos y falsedades, y al darle un requiebro a las palabras, enredar las cosas y procurar el influjo emocional de ciertos términos, el engaño argumentativo obtiene todo el efecto deseado en quien no hace distingo y no sabe de verdad de la mentira a la que está expuesto. Acción perversa, manipuladora e hipócrita se oculta en esta falacia. Cambie “guerrillero” por “narcotraficante” y se está listo para crear la encerrona maniquea, que por el peso de las palabras, oculta los verdaderos problemas que aquejan a una población sometida a injusticias, pobreza y violencia pública.

Los altos jerarcas de la iglesia católica se creyeron la falacia al reconocer que no habían leído el texto del Acuerdo, y sin embargo decidieron apoyar el No al plebiscito al dejarse sugestionar por la ideología de género del exprocurador Ordóñez, tan proclive al sectarismo y el odio a la diversidad sexual y humana. Pecaron de ignorancia funcional y de irresponsabilidad, ellos, que se proclaman adalides de la verdad y seguidores de los preceptos cristianos cuyo fundamento, supuestamente, es la paz y el amor al prójimo. Hicieron eco, mejor, fueron caja de resonancia de un engaño y por ese camino condujeron el rebaño. Qué decir entonces de las demás iglesias y credos religiosos.

Los profesionales de la política son proclives a distorsionar los asuntos y crear confusión; no tienen responsabilidad moral que los haga conscientes del daño que causan con sus mañas y capacidad de corrupción, pues no solo se apropian recursos del Estado, sino que inducen a sus seguidores en un modo solapado de razonamiento.

Noticias relacionadas