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La muerte, espectáculo macabro

Guillermo Salazar Jiménez

sábado, 3 octubre 2026

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Guillermo Salazar Jiménez
“El odio puede consumirnos, corromper nuestra alma y llevarnos al abismo de la venganza”, lo leyó Rusbel Caminante de Truman Capote en A sangre fría.

Libro basado en el crimen de los cuatro miembros de la familia Clutter, en Holcomb, Kansas, EE.UU., en 1959. Al enterarse del asesinato, agregó Rusbel, Capote viajó e inició un arduo trabajo de investigación, entrevistas a residentes e investigadores y revisó miles de páginas de archivos y notas particulares. Novela sobre un crimen real.

Un mes y medio después del cruel crimen, comentó Rusbel, las autoridades arrestaron a Richard Hickock y Perry Smith como autores intelectuales y materiales, ejecutados poco después. Capote narra el hecho al tiempo que explora a través de sus personajes la mentalidad y sentimiento criminal, traumas infantiles y ausencia de emociones.

Al repasar A sangre fría Juanita Lectora recordó la imagen del señor Abelardo paseándose entre 23 bolsas blancas que contenían cadáveres de colombianos muertos en enfrentamientos con las fuerzas militares. El presidente a sangre fría, es decir con premeditación y cálculo, ordenó encender las cámaras para presentarse como máxime líder. Detestable autoridad deshumanizada. 

Juanita adicionó que, en más de cinco décadas de violencia, Colombia se acostumbró a ver muertos de diferentes bandos sin encontrar respuesta a la paz duradera. No es entendible como el presidente cree que con honrar la muerte terminará la guerra. Banalizar la muerte del enemigo no es fuerza, ni poder, acotó Juanita, es falta de sensibilidad por la historia de las personas muertas. Detrás de sus fúsiles existen familias y amigos dolientes; sueños e ideales truncados. Porque todos los seres humanos comparten una misma naturaleza, con el filósofo romano Marco Aurelio, opinó Juanita que alegrarse por el mal ajeno degrada la calidad moral. 

Capote enalteció el éxito de su novela, escrita durante seis años, con la gala “blanco y negro” en el hotel Plaza de Nueva York, el 28 de noviembre de 1966, disertó Rusbel Caminante. Sus más de 500 invitados vestían prendas de estos colores como boleta de entrada. Agregó que exhibir los cadáveres como trofeos es otra cosa distinta. El presidente está para garantizar la seguridad del país y no aprovechar la muerte de otros colombianos como propaganda mediática.

Rusbel Caminante consultó sobre la tanatofilia: atracción o afecto desmedido hacia la muerte, los cadáveres y los elementos fúnebres. Del griego thanatos, muerte y philos, amante o amigo. La tanatofilia no tiene cura médica, le recordó Rusbel al señor De la Espriella, pero si se puede tratar, reconducir y gestionar eficazmente con tratamiento psicoterapéutico.  

De otra parte, agregó Rusbel, este sentimiento se asocia con la palabra alemana Schadenfreude, que significa “experimentar alegría o satisfacción ante el sufrimiento, la desgracia o la muerte de otra persona, especialmente si se le considera un rival o un enemigo”. Deprimente y desolador ver a un presidente desfilar por entre las bolsas blancas, ufanado de verlos extintos, con su vestido verde oliva de los militares, riendo satisfecho frente a las cámaras. Con su saludo característico hizo de la muerte un espectáculo macabro.

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