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Hugo Hernán Aparicio Reyes

miércoles, 2 septiembre 2026

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Apreciada amiga, me traes de sorpresas en asombros. Días atrás supe de tu afición por la lectura.

En medio de redes “sociales”, fuentes de banal entretención y desinformación, del despliegue tecnoinformático que todo lo abarca, lo reduce y deforma, del permanente bombardeo mediático, al cual nos sometemos, ojos, oídos, cerebros, rendidos a iPhones y smartphones, saber que hoy día, alguien de mi círculo afectivo, sustrae mente y espíritu del frenesí pirotécnico, para vivir la hermosa pero relegada aventura de leer literatura, suscita al menos curiosidad, luego, mayúscula alegría. Pero no solo me has enterado de tan grata novedad. Ahora la redondeas, dándome a conocer los primeros borradores de un proyecto de novela que tras una primera lectura muestran nítido talento narrativo. Me complace merecer tu confianza. Con gusto y total lealtad te expresaré en privado impresiones preliminares sobre el texto, a partir de mi limitado y modesto criterio. No puedo presumir de conocedor aventajado de literatura de ficción-ficción, hasta ahora ajena al interés, pero creo útil a tu empeño, aportar notas sueltas, algunas afirmativas, otras a manera de interrogantes.

¿Por qué y para qué escribir? ¿Brota espontáneo el deseo de hacerlo como reacción refleja al gusto por los textos impresos? ¿Asumes la lectura y la escritura como necesidad de expansión y expresión espiritual, o apenas pasatiempo? ¿Acaso como respuesta a la pregunta: si él o la escritora pueden crear fantasía que capta interés, atención, que atrae y absorbe, tú también podrías?¿Cómo se originó la afición por la lectura? ¿Por qué prefieres sumergirte en el fraseo del artista literario a hacerlo en el universo audiovisual que parece adueñarse de los humanos actuales? ¿Qué encuentras fascinante en las páginas impresas? ¿No te disuaden las preferencias en auge, reñidas con el ejercicio mental, con la sensibilidad, respecto a la creación intelectual o estética? ¿Crees que escribir con dedicación y convicción, puede ser una alternativa económicamente rentable? ¿Si la respuesta es afirmativa, tienes ideas básicas del complejo camino para lograrlo?

Un escritor, o quien desee serlo, se obliga a dedicar muchas horas a leer buena literatura y todo tipo de textos. ¿Cansada de leer?, escribe. ¿Cansada de escribir?, lee. Si en realidad te agrada hacerlo, disfrutarás igual o más aún, corregirte.

La actividad que en verdad nutre, es la lectura activa; aquella que indaga, profundiza, consulta, va al diccionario, a los sinónimos, a la etimología.

No temas dedicar horas a pulir una frase. Cuando logras hacerlo, y al final encajas a satisfacción cada término, con su carga musical, de ritmo y significado, has pulido en simultáneo muchas frases futuras. Huye como del mismo satán de muletillas, lugares comunes, clichés, frases cajón, etc., propias o ajenas. Y para eludirlas, debes primero detectarlas, identificarlas, en segundas o terceras lecturas autocríticas.

Hay quienes priorizan el fondo del texto desdeñando la forma; otros se rinden a esta -musicalidad, ritmo, figuras literarias-, subordinando el contenido. La experiencia te lo demostrará: a la armonía, al necesario equilibrio entre los dos conceptos, se llega con oficio y esfuerzo. Por fortuna o desgracia, no hay atajos.

En lugar de suerte, te deseo persistencia, coraje, tesón. Es la dotación única e indispensable para nadar a contracorriente sin fallecer en el empeño.

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