Saltar al contenido

Treinta días

Hugo Hernán Aparicio Reyes

miércoles, 9 septiembre 2026

COMPARTIR LA NOTICIA:

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Asombra al ciudadano raso la cantidad y complejidad de frentes de trabajo que debe atender un presidente, mejor, un buen presidente.

Y que además de cargas rutinarias, atención de emergencias naturales o económicas macro, crisis de la salud, lucha denodada contra la delincuencia de toda pelambre, reserve energías para emprender iniciativas de alto vuelo y máxima exigencia, como la redención socioeconómica del Chocó, mediante un “plan Marshall”, con el padrinazgo voluntario y decidido del gran capital, demuestra muy bien una asombrosa capacidad ejecutiva multienfoque en Abelardo de la Espriella. Ojalá, envuelto en tantos empeños a cual más obligantes, no pierda sus nortes ya trazados y respaldados por los electores, en su Plan de Gobierno. Que no disperse esfuerzos, por querer hacerlo todo al tiempo, por auto exigirse demasiado en breve lapso.

Muchos nos preguntamos si el equipo de gobierno acompasa con él, si la gente que lo rodea le sigue el frenético ritmo impuesto durante su primer mes al timón. ¿Nos damos en cuenta, por ejemplo, que después de la posesión, el vice, tan visible, y determinante en la campaña, ha cedido a favor del presidente todo protagonismo, toda figuración? Bueno, no se descarta que él y otras fichas claves del bloque ejecutivo prefieran dedicar todo esfuerzo al logro de objetivos y metas, antes de sobreexponerse en medios.

A nuestra manera de ver, salvo el exceso de cámara y micrófono, que por momentos agobia, el desempeño de De la Espriella durante el primer mes de gobierno, supera lo satisfactorio, rebasa incluso la expectativa. El logro inicial y decisivo hacia el futuro, es haber marcado con total nitidez, una diferencia abismal a su favor, respecto al antecesor. La gente percibe, comprueba a diario, asimila con agrado, el talante diametralmente opuesto al bufonato, al desdoro personal, al desgobierno del anterior en el mando. Dignidad, sobriedad, aplomo, en formas, en discurso, en atuendo y presencia, son ya, en corto lapso, su sello distintivo de cara al ciudadano. Nada de poses electoreras, de altisonancias liripatéticas; fuera las imposturas intectualoides, las narco enajenaciones, los irrespetuosos atrasos en agendas. Desde luego las diferencias no se agotan en la simple apariencia. Cada decisión, advertencia, anuncio,reproche o aplauso, además de bien razonados y procesados, llegan al público de manera transparente, sin velos ni turbiedades, precedidos de auténtica intención de acertar en beneficio de todos.

¿Basta la buena fe y las buenas formas para lograrlo? No, definitivamente se requiere bastante más; cifras, resultados concretos y cuantificables, realizaciones visibles, comienzan a ser exigibles en muy corto plazo. Sin embargo, cuando la acción positiva, constructiva, se hace reconocible, los resultados no se hacen esperar. De hecho, el nivel de optimismo popular, de expectativas de avances en el plano de la inversión de capitales y creación de oportunidades laborales, es visible, y contrarresta la apatía, la desaceleración económica, heredadas de cuatro años de caos, corrupción y desgreño administrativo.

Si alguna oportunidad histórica ha requerido del concurso de todos para superar crisis, es esta que atravesamos hoy. La tragedia en la zona afectada por el terremoto del 10 de agosto anterior, nos debe unir como sociedad e impulsarnos con determinación y coraje hacia adelante. Fuerza, presidente. Colombia, además de orar, trabaja bajo su liderazgo para sobreponerse a la adversidad.


Noticias relacionadas