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Editorial / ABRIL 21 DE 2024

Abandono y desidia

“Lo que en su momento fue un símbolo de esperanza y solidaridad, hoy yace abandonado y deteriorado en el parqueadero de la plaza de mercado minorista de la ciudad”.

Abandono y desidia

En el 2022, la secretaría de Salud de Armenia recibió una donación por un valor de más de $50 millones, la cual, fue recibida con entusiasmo y gratitud por parte de las autoridades de la ciudad y celebrada como un hito en la lucha contra la pandemia de Covid-19. Se trataba de una carpa de gran tamaño, equipada con todo lo necesario para brindar atención médica: desde equipo biomédico hasta mobiliario de oficina y sala de espera.

No obstante, lo que en su momento fue un símbolo de esperanza y solidaridad, hoy yace abandonado y deteriorado en el parqueadero de la plaza de mercado minorista de la ciudad. ¿Cómo es posible que una donación tan significativa haya terminado en tal estado de abandono? ¿Dónde están las responsabilidades de quienes recibieron y gestionaron este recurso invaluable?

Las respuestas a estas preguntas parecen escabullirse entre la burocracia y la indiferencia. El secretario de salud de Armenia, César Augusto Rincón Zuluaga, se vio en la necesidad de justificar el desastroso destino de la carpa, afirmando que se está revisando su situación jurídica para determinar cómo se hizo la donación y poder darle una destinación adecuada.

Mientras tanto, los elementos donados, que podrían estar siendo utilizados para brindar atención médica a la comunidad, languidecen en las bodegas de la secretaría de Salud. Sillas, escritorios y equipos médicos esenciales, relegados al olvido mientras las necesidades de la población siguen sin ser atendidas de manera adecuada.

Es especialmente preocupante el hecho de que la secretaría de Salud trate de justificarse en la tramitología, ¿entonces, para qué se destinó esta donación? ¿Acaso fue un mero gesto simbólico, desprovisto de un plan concreto para su utilización efectiva?

Las intenciones de Red Salud de utilizar la carpa como anexo a un centro de salud son viables, pero no deberían ser necesarias si las autoridades hubieran actuado con compromiso desde el principio. Aquí cabe remarcar que gran parte de la responsabilidad recae en la administración pasada, que fue la que recibió la estructura y no supo aprovecharla después del proceso de vacunación. 

No obstante, las autoridades de Armenia tienen que asumir su responsabilidad y rendir cuentas por el manejo negligente de esta donación. Los ciudadanos merecen una explicación clara y acciones concretas para remediar esta situación. No podemos permitir que la generosidad de unos se convierta en el abandono de muchos.
 


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