Editorial / NOVIEMBRE 23 DE 2020

Cada vez más cerca

Hace apenas unas semanas la mayoría de las personas no conocían o tenían a alguien en su familia enfermo de coronavirus, hoy pasa lo contrario.

Cada vez más cerca

Trágico fin de semana para el departamento del Quindío, además de la muerte del notable hombre de la radio colombiana, Iván Parra Díaz; y del comunicador comunitario, Carlos Arturo Delgadillo, cuyos fallecimientos consternan, hay que decir que entre sábado y domingo se confirmaron cuatrocientos treinta y dos contagios adicionales del nuevo coronavirus y se registraron ocho fallecimientos por Covid-19, entre ellos el del profesional de la salud Jorge Alberto Cardona.

Varios días estuvo el médico Cardona en la unidad de cuidados intensivos del hospital departamental San Juan de Dios de Armenia luchando para derrotar este mortal virus y ni su fuerza interna, ni los cuidados de sus colegas, lograron que saliera airoso de esta dura prueba. Hoy el luto se extiende a otro hogar quindiano por este trágico suceso, ya son cuatrocientas tres familias, en esta parte del país, las que visten de negro y rezan por el descanso eterno de sus seres queridos debido a la letalidad de un virus que muchos insisten en desafiar e ignorar.

La batalla contra tan microscópico y mortal enemigo no se gana con hospitales con muchas camas dotadas de respiradores, eso ayuda, y mucho, pero no es garantía de vencer la enfermedad. La humanidad sigue postrada ante un virus por ahora casi que indescifrable y para el cual todavía no hay antídoto disponible. Lo mejor es no llegar a un centro médico en busca de una ayuda que no es efectiva en el cien por ciento de los casos y para eso el autocuidado es lo que no puede descuidarse.

El mundo, el país y el departamento siguen sumando muertos y contagiados y, amén de garantizar una respiración artificial momentánea o administrar algunos medicamentos para mantener estables las funciones vitales del organismo, ningún hospital público o clínica privada, por moderna que sea, así tenga en nómina a los médicos más calificados, puede asegurar que todo el que llegue en busca de ayuda, porque es positivo para Covid, saldrá luego por sus propios medios. Por eso la lucha más grande es en casa, en el trabajo y en el espacio público, que es en donde tristemente está la mayor indisciplina.

Lo que para muchos es perorata es lo único que ha mantenido a raya el patógeno. Lavar las manos, evitar aglomeraciones, usar tapabocas y guardar silencio en lugares públicos, es lo que está salvando vidas, eso sí está científicamente comprobado. Quienes hoy por fortuna gozan de buena salud es porque siguen creyendo en el autocuidado y son celosos con su salud y la de sus seres queridos. El virus es invisible, cualquiera puede contraerlo y portarlo y no tener síntomas pero sí  infectar a varias personas para las que luego la enfermedad sea mortal. Por eso confiarse o restarle importancia a la posibilidad de infectarse es un riesgo alto cuyo precio puede ser la vida.

De tener más camas disponibles para tratar pacientes críticos de Covid se tiene que encargar el gobierno, de no ocuparlas los ciudadanos. De intentar salvar la vida de los afectados se ocuparán los profesionales de la salud, de mantener el cuerpo inmune cada cual. 

Cada persona, desde la menor hasta la mayor, debe entender que las posibilidades de contraer el virus cada vez son más altas, que la preexistencia de una enfermedad ayuda a que el nuevo coronavirus cause un mayor daño y en menor tiempo y, sobre todo, ser consciente de que un pequeño descuido no solo lo puede llevar en pocos días a una UCI, sino a cualquiera de sus seres queridos a un cementerio.


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