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La reconstrucción ofrece al Quindío la ocasión de crecer con criterio ecológico.

Ningún espacio del Quindío está completamente vacío. Donde un plano registra metros cuadrados disponibles hay quebradas, árboles y rutas que guatines, zarigüeyas y aves recorren desde mucho antes de cualquier urbanización. El calor, los monocultivos y la presión demográfica contribuyen a desplazar la fauna silvestre hacia barrios y vías, y la construcción, sin ser la única causa, decide en buena medida si la ciudad acoge a esas especies o las expulsa.

Las ciudades del departamento necesitan vivienda y suelo para crecer, y la reconstrucción tras el reciente terremoto aumenta la demanda de soluciones habitacionales. En Armenia, las modificaciones al Plan de Ordenamiento Territorial contemplan nuevas áreas de expansión en un paisaje cuyos ecosistemas sostienen fuentes de agua, regulan la temperatura y sirven de refugio y tránsito a la fauna.

Respetar las áreas protegidas que fija ese plan, condición indispensable, no garantiza que un proyecto favorezca la biodiversidad. Una zona verde puede servir solo a los residentes o funcionar también como conector ecológico; un árbol puede quedar como adorno o como parte de un hábitat; una quebrada puede ocultarse tras un cerramiento o integrarse al diseño urbano. Conocer el lugar antes de intervenirlo, principio de la construcción sostenible, orienta la ubicación de los edificios, la elección de especies nativas y de vidrios seguros para las aves, y la disposición de vías y franjas verdes que mantienen conectados los espacios naturales.

Los estudios especializados, los diseños detallados y las certificaciones exigen una inversión inicial; el cálculo cambia al medir el costo de habitar una vivienda durante muchos años. La que aprovecha mejor el agua y la energía reduce consumos y ofrece confort, mientras la vegetación conservada aporta calidad de vida y puede valorizar el inmueble. Voces del propio sector constructor prefieren, por eso, hablar de inversión y no de sobrecosto.

Desde el ambientalismo se advierte que un proyecto impecable dentro de sus linderos puede sumarse a transformaciones acumulativas, porque la fragmentación de ecosistemas, la presión sobre el agua, la actividad agropecuaria y la expansión urbana forman un mismo problema territorial.

La reconstrucción ofrece al Quindío la ocasión de crecer con criterio ecológico mediante inventarios de fauna y flora previos a cada licencia, corredores biológicos trazados a escala de ciudad, estímulos a las certificaciones de sostenibilidad y un control que verifique, con la comunidad como aliada, que las zonas protegidas conserven su función cuando termina la obra. 

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