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Editorial / MARZO 26 DE 2023

De cristal y con afán

La presente generación de adultos, aseguran muchos, fue la última en hacerles caso a sus padres y la primera en hacerles caso a sus hijos.

De cristal y con afán

A buena parte de la presente generación de jóvenes la paciencia le dura poco. El modo de vida, la comodidad que brinda la tecnología, el consumo de redes sociales y la hiperconexión con el mundo virtual volvió impacientes, muy impacientes a los niños, preadolescentes y adolescentes de este tiempo. Eso de sembrar para recoger pareciera que no quedó en el libreto de los nacidos después de 2005. Tal vez eso explique tanta desconexión entre los adultos y los menores de hoy, con los cada vez más comunes problemas de salud mental. 

La dependencia de las redes sociales en las que, por solo citar un ejemplo, los videos cortos programan el cerebro para la gratificación inmediata, es solo uno de los fenómenos que ha contribuido a ese afán tan característico de la infancia y la juventud actual. Ya hay, y no pocos, estudios que demuestran cambios significativos en la liberación de ese coctel de hormonas del placer: dopamina, oxitocina, serotonina y endorfina. Las consecuencias van desde fomentar el individualismo antes que el trabajo en equipo, pasando por la poca disposición a leer y/o escribir textos largos, hasta la no diferenciación de fuentes fiables de información verídica que tiene como nefasta conexión el hecho de dar por cierto y replicar todo cuanto circula en las redes sociales.

A los más pequeños les cuesta esperar, reclaman premios por cada acción y solo admiten estar en el centro de todo. Hay baja tolerancia a la frustración, ante el no la respuesta es agresiva y la protesta aparece ante la mínima adversidad. En los colegios los docentes son amenazados, el bullying no cede, los matriculados retan permanente la institucionalidad y se sienten acorralados y vulnerados ante elementales normas como portar de forma correcta el uniforme. En buena parte de los más grandes, ya en época universitaria, la violencia parece ser la primera y única salida a la solución de los conflictos, por eso la marcha beligerante y el insulto es tan característico en los movimientos universitarios.

Si, es una característica de esta generación de menores de edad esa sensibilidad a flor de piel. Está mucho más interesada en el cuidado del planeta, pero le cuesta pasar a la acción; expresa un profundo respeto por la vida, pero se quiebra con facilidad ante la dificultad y ve el suicidio como una opción menos lejana; rechaza cualquier forma de violencia contra los animales, pero tiende a justificar la agresión contra la persona; reclama más, objeta más y calla menos, pero participa poco cuando se abren las urnas; tiene mucha más información, pero se opone menos al consumo de drogas; hay hipersensibilidad pero hipoactividad.

Si no hay un esfuerzo adicional, uno más y otro más, por parte de los mayores, para atraer los menores de edad al seno familiar, el afán será cada vez mayor, grave característica en una población a la que, además, y con razón, han bautizado “generación de cristal”. También hay desencanto, los menores de hoy sienten que los mayores fallaron; por eso, para que los que recién empiezan a aportar para que este sea un mundo mejor, caminen en la dirección correcta, necesitan sentirse guiados y bien representados por quienes nacieron antes del 2000.

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