Editorial / SEPTIEMBRE 23 DE 2022

Día sin carro, sí

También, por iniciativa propia, los ciudadanos debieran dejar, por lo menos una vez al mes, todo el día, sus vehículos apagados y guardados.

Día sin carro, sí

Se anuncia por parte de la administración municipal la realización de un día sin carro y sin moto en Armenia. De acuerdo. Este tipo de ejercicios no puede verse como una incomodidad, tienen que asumirse como pausas obligadas para que descanse el planeta, descansen quienes habitan el territorio y, ojalá, en medio de una sencilla reflexión, se reconsideren algunas nocivas prácticas que tanto daño le hacen a la vida en comunidad y al espacio que se habita. El próximo martes, 27 de septiembre, cambia la rutina, entre las 7 de la mañana y las 7 de la noche. 

La norma obliga este tipo de ejercicios, por lo menos, dos veces al año. Debiera ser más frecuente, la vida en todas sus manifestaciones lo agradecería. La carga contaminante y destructora de la que se señala como la especie viva más evolucionada es cada vez mayor. Ni siquiera una pandemia devastadora, con eternas cuarentenas, logró modificar tanto hábito dañino en los seres humanos. Por eso toca por la vía de la restricción, está comprobado que la autorregulación es el camino más largo para garantizar mejores relaciones humanas y con las demás especies. 

Menos ruido, menos estrés, menos basura, menos siniestros viales, menos actos delictivos, menos frenetismo, menos imprudencias, menos contaminación y menos violencia hacen parte de los beneficios de esta jornada. No es un sacrificio, es un regalo para todos. Hay excepciones en el decreto reglamentario del día sin carros y sin motos y son justas. El impacto en materia comercial no descuadrará la caja de nadie, ya hubo tiempo de un repunte económico, es pertinente la medida. Nunca habrá un día ideal para parar los carros, por eso ha lugar lo planeado para el martes venidero. 

Armenia cuenta con un buen servicio de transporte público, la topografía invita a caminar y al uso de la bicicleta, el teletrabajo es una opción y ya está ensayada. Los traumatismos serán mínimos, la restricción no se está haciendo un fin de semana ni en quincena ni cerca de una fecha comercial especial, tampoco será todo el día, en la noche habrá normalidad. Hay que bajarle a la protesta y mirar los beneficios de un día que, dicho sea de paso, es mucho lo que le aporta a la calidad del aire y de vida de las personas si la mayoría de los automotores se quedan parqueados. Debería, incluso, adoptarse por cada quien, a título personal o familiar, sin decreto de por medio, un día sin carro por lo menos una vez al mes; pero, como esto último es difícil que pase, pues bienvenido el decreto municipal que lo imponga. 

Buena sería la oportunidad del martes venidero para una amplia pedagogía en todos los escenarios sobre la importancia de ejercicios como el día sin carro y para que las autoridades, especialmente las ambientales, tomen atenta nota de aquellos vehículos de servicio público con alta carga contaminante que van cual chimeneas por las vías, tornando gris o negro el ambiente. Poco pareciera exigirse el cumplimiento de los mínimos en cuanto a emisión de gases, en eso las autoridades se tornan complacientes con los infractores. Ya que los conductores de vehículos particulares están poniendo de su parte, pues que también las empresas de transporte público hagan lo propio prohibiendo la circulación de automotores tipo chimenea.

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