Editorial / AGOSTO 13 DE 2022

Donde hay maíz hay país

Ojalá este gobierno, que públicamente dijo incluir la lucha contra el hambre en su agenda de gobierno, pueda, entre otras tareas, provocar un aumento en la producción de cultivos como el del maíz. 

Donde hay maíz hay país

El plan familiar de hoy y mañana es visitar Barcelona, corregimiento de Calarcá, para comer arepa, tamal, subido, mazamorra, mazorca, torta, envuelto, entre otras delicias de la gastronomía que usa como base de sus preparaciones el maíz. Con el apoyo, desde su creación, de la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío, se realiza este fin de semana el ya reconocido nacionalmente Festival del Maíz.

En buena hora un grupo de comerciantes de Barcelona tuvieron la buena idea de un evento en el que se le rindiera tributo a este ancestral alimento, casi que insustituible en la dieta de los quindianos.

En esta quinta versión del bien reputado encuentro de productores, cocineros y comercializadores de maíz, los asistentes podrán, además de deleitar sus sentidos con las apetitosas preparaciones, disfrutar de una variada tarima de artistas, aupar a los participantes en el concurso de desgrane, ver la preparación de la arepa más grande y avivar a quienes competirán por el título de mayor tomador de chicha.

Cuenta pues el departamento del Quindío con un buen evento cultural y gastronómico como parte de su portafolio turístico, pero deben ser los quindianos los primeros admiradores, seguidores y protectores de este festival y del maíz.  

Exaltar la importancia del maíz, no solo por su protagonismo en la dieta de los quindianos, sino por su participación en la economía nacional, debe servir, y además va en consonancia, de todo ese plan de salvamento de productos que como este constituye uno de los pilares de la soberanía alimentaria. Después de la caña (42.7 millones de toneladas), el arroz (3.6 millones de toneladas), y la palma de aceite (2.2 millones de toneladas), aparece el maíz como la cuarta especie más cultivada en Colombia (1.6 millones de toneladas), incluso superando el café, que ocupó el quinto lugar en 2021 con 754.656 toneladas, pero seriamente amenazado por las importaciones. 

Amén de apalancar un verdadero desarrollo agropecuario, sostenible y sustentable, le corresponde al entrante gobierno nacional combatir la ilegalidad de semillas, que también mucho daño le hace al país. La piratería de semillas, que afecta, principalmente, los cultivos, en su orden, de arroz, soya, maíz y algodón, cerró negocios en 2021 por un valor de un billón de pesos en Colombia. Práctica ilegal que afecta la soberanía alimentaria, encarece la producción y causa daños irreparables al suelo.  

Anima la promesa del recién posesionado presidente de incluir en su agenda de gobierno la lucha contra el hambre, plausible objetivo para el cual deben entre otras cosas, provocar un aumento en la producción de cultivos como el del maíz. Después de revisar las cifras entregadas por la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria queda un sabor agridulce; según la Upra, Colombia tiene casi cuarenta millones de tierras aptas para cultivar, pero solo cinco millones de ellas están sembradas.

Como dirían los mayores: se mueren de hambre y con la nevera llena. Lo que sea que se ha venido haciendo mal durante tantos años, debe cambiar, Colombia tiene como ser potencia mundial en producción de alimento sano y barato.


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