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Editorial / FEBRERO 10 DE 2023

Dos tragedias

Con el luto a cuestas y el corazón arrugado por el asesinato de Salomé Puentes, los quindianos recibieron la noticia del suicidio de Sharon Sofía Pérez, de apenas 14 años.

Dos tragedias

Esta semana quedará grabada en la memoria colectiva como una de las más tristes del reciente pasado del departamento del Quindío. Dos menores de edad murieron en trágicas circunstancias. Salomé, de tan solo cuatro años, fue asesinada por una mente enferma, dominada por los celos y las drogas. Un monstruo le puso fin a una vida que apenas comenzaba. Mientras en las calles de Armenia se realizaban marchas para exigir justicia y la madre de Salomé luchaba por su vida en un centro médico, Sharon Sofía Pérez, de tan solo catorce años, atentó contra su vida. No pudo la adolescente resolver por sus propios medios la angustia que llevaba a cuestas y decidió poner, no fin a su vida, sino, fin a ese sufrimiento que la atormentaba. 

Salomé, dicen sus compañeros y maestros, era una niña alegre en el colegio. El monstruo la atacó mientras dormía. 

No fue para esta pequeña su hogar un lugar seguro. Hoy los quindianos velan crespones negros a la memoria de otra vida, una más, que se pierde por cuenta de manos apátridas de un “hombre” sin dios ni ley, que ni siquiera parece experimentar arrepentimiento por lo hecho y en cambio busca, en cualquier resquicio de la maleable justicia colombiana, cómo atenuar la pena que le impondrá un juez. No puede haber ninguna consideración con quien de forma premeditada fraguó un doble crimen con las consecuencias que no solo los familiares de la pequeña lloran porque el dolor es de todos.

Sharon Sofía vio partir anticipadamente de este mundo a quien le dio la vida. Su madre resolvió arrojarse a las aguas de un río porque también para ella el sufrimiento pesaba más que cualquier posible solución. Tania Alejandra, la madre de Sharon Sofía, tenía veintiocho años y, por motivos que no pueden ser cuestionados, atentó contra su vida. 

Veinte días después la menor de edad hizo lo propio. Dos suicidios, en menos de un mes, en un mismo hogar. Otra familia destrozada, en circunstancias diferentes, que genera dolores insondables y grandes interrogantes sobre las obligaciones y responsabilidades del Estado, las instituciones y la familia para el bienestar de los menores de edad.

Las dos pequeñas ya descansan en paz, no por voluntad propia. Alguien creyendo que hombre es sinónimo de fuerza bruta, le puso fin a la vida de Salomé, y un sufrimiento superior a una mente de catorce años le puso fin a la vida de Sharon Sofía. Para el asesino, de seguro, habrá una larga condena; para los familiares de las pequeñas, será inevitable, interminables días por preguntas para las que tal vez nunca haya respuestas; para quienes desde la barrera estarán sufriendo por ese gran dolor que hoy enluta a dos familias y por derecho propio a un departamento, una tarea: reflexionar profundamente sobre la responsabilidad de constituir y mantener familias sanas, con entornos seguros para los pequeños y ambientes fértiles para el amor. Paz en las tumbas de Salomé, de Sharon y su madre, pronta recuperación física para la madre de Salomé y toda la consideración, solidaridad y fuerza para las familias que sobreviven a estas dos tragedias.


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