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Editorial / ABRIL 23 DE 2024

El constituyente primario

“También se movilizaron ciudadanos del común que creyeron y votaron por las promesas de cambio, pero que se sienten defraudados al ver que, tras casi dos años, en lugar de una verdadera transformación, solo se transita de un extremo a otro del espectro”.  

El constituyente primario

Las cientos de miles de personas que salieron a marchar el domingo en todo el país para expresar el descontento con la gestión del gobierno del presidente Gustavo Petro merecen ser escuchadas, respetadas y atendidas en sus quejas. No es momento para polarizar más el país, ni minimizar a esa gran porción de la voluntad popular, tan válida como aquella que en 2021, animada por el entonces senador Petro, marcó la salida por la puerta de atrás del expresidente Iván Duque.    

No, no es cierto que esta vez solo haya salido la oposición o las élites acomodadas huérfanas del establecimiento, también se movilizaron ciudadanos del común que creyeron y votaron por las promesas de cambio, pero que se sienten defraudados al ver que, tras casi dos años, en lugar de una verdadera transformación, solo se transita de un extremo a otro del espectro, manteniendo las mismas prácticas malsanas del poder político.  

La inconformidad y desconfianza con el trabajo del presidente son fruto de los anuncios apresurados por Twitter, de las ideas sueltas lanzadas en declaraciones improvisadas, de los frecuentes incumplimientos de la agenda, pero, sobre todo, son consecuencia de los escándalos que estallaron al interior del mismo gobierno como la inapropiada participación en política de la primera dama, los cuestionables nombramientos en las embajadas, los inquietantes audios filtrados del embajador Armando Benedetti, la desafortunada contratación en RTVC o el ventilador que encendió la expareja del hijo del presidente y que tiene en tela de juicio la financiación de la campaña a la presidencia.  

De ahí que resulte tan preocupante que la primera reacción del presidente haya sido un mensaje de tono desafiante, demeritando la participación de la gente en ciudades intermedias -como Armenia- y asegurando que el único interés de salir a marchar estaba en el deseo de algunos sectores de ir en contra de las reformas “para mantener la captura de enormes cantidades de dinero público usados como ganancias de particulares”.

No, presidente Petro, el sentir del pueblo no se debe a una campaña de desinformación en su contra, está más relacionado con la escasa ejecución presupuestal y con las contradicciones e inexperiencia que ha mostrado como mandatario.

 Ahora bien, en lugar de hacer autocrítica, autoreflexión y valorar la expresión popular, anuncia que se sumará a las marchas del próximo 1 de mayo, tratando de apropiarse de una manifestación tradicional de los trabajadores y así poder medir fuerzas con la movilización del domingo, como un adolescente que necesita comparar sus fuerzas para sentirse seguro.  

No, ese no es el camino para recuperar la confianza de la gente, es necesario afianzar el diálogo, buscar los consensos que le permitan llegar a las reformas sin necesidad convocar a una constituyente en la que el pueblo quizás ya no lo apoye tal y como lo demostró el pasado domingo.  
 


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