Editorial / JUNIO 24 DE 2022

Francia

La llegada de Francia Márquez al segundo cargo en importancia del país, tal como ella lo afirma, es un acto de justicia racial. Pero el mismo no constituye garantía de un buen gobierno. 

Francia

Que a la vicepresidencia de la República haya llegado una mujer negra, con afinidad por las ideas de izquierda, que trabajó como empleada del servicio doméstico, originaria de un pueblo que es noticia por los continuos atentados terroristas, constituye un hito para la democracia colombiana. Es, sin duda, un ejemplo de madurez política y, de paso, confirma que todas las críticas sobre posibilidades de fraude en las elecciones, que tanto daño le hicieron a la institucionalidad colombiana, eran infundadas. En su discurso, luego de recibir la credencial como nueva vicepresidenta de Colombia, la propia Francia Elena Márquez Mina reconoció que hubo garantías para todos los participantes en la desgastante contienda electoral que finalizó el pasado 19 de junio. 

Sí, Francia Márquez es ejemplo de superación. Su título como abogada no fue comprado ni regalado, su larga andadura como líder social no se puede desconocer y ese es un plus para pensar que con ella en tan importante cargo habrá un cambio fundamental y una importancia inédita en el plan de desarrollo nacional, con metas y recursos, para el pueblo negro, los campesinos, los indígenas, personas en situación de discapacidad, LGBTI, afrocolombianos, palenqueros, raizales y rom. Otra cosa es que pueda pasar del emotivo discurso, ese que arranca aplausos, más por la admiración que despierta, a los hechos y que el presidente electo le dé el lugar y la importancia que debe tener. Lo de vivir sabroso cautivó en la campaña, pero esa frase debe traducirse en justicia social, respeto de los derechos fundamentales, desarrollo sostenible, cuidado del medio ambiente y diálogo social. Las cifras hablarán por ella de ahora en adelante, no su pasado que es un auténtico ejemplo de ganas de salir adelante. 

Francia es la vicepresidenta, entre sus funciones está la de suplir temporal o definitivamente al presidente electo, de ahí la importancia de que esté bien asesorada y rodeada y de que siga creciendo profesionalmente. Además de ser la segunda mujer en la historia republicana de Colombia en ocupar la silla vicepresidencial, Márquez Mina se puede convertir, si así lo autoriza el Congreso de la República, en la primera titular del ministerio de la Igualdad, promesa de la dupla avalada por el Pacto Histórico. Igualdad salarial entre el hombre y la mujer, reconocer el tiempo de trabajo en el hogar como válido para la pensión, e ingreso vital (medio salario mínimo para las madres cabeza de familia), fue lo prometido por Petro y Márquez. Empezará a correr el calendario desde el 7 de agosto próximo para que se vuelva un hecho este listado de anuncios.  

De acuerdo, lo de Francia Márquez, tal como ella lo dijo, es la demostración de que sí es posible. Afirmó en su discurso que su llegada a la vicepresidencia servirá para que no se vuelva a escuchar que no se puede. Por ahora, la emoción sigue a flor de piel entre quienes con su cédula le dieron el triunfo al economista y a la abogada. Anima la reconciliación nacional que pregonan, esa es una urgencia, pero desde el próximo mes dejará de ser ella y el presidente electo dos candidatos que, como la mayoría, dicen poder hacer todo para solucionar los problemas del país, para convertirse en la cabeza del poder ejecutivo. Desde ese momento se conocerá el talante de cada cual y si 11.2 millones de colombianos acertaron.

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