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La basura tiene dueño

miércoles, 23 septiembre 2026

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Detrás de los desechos que alimentan los incendios en las laderas de Armenia también hay vecinos que pagan por deshacerse de ellos y callan ante las quemas.

La basura que ardió el jueves 17 de septiembre en la ladera cercana al barrio Santa Fe tenía dueño. Las llantas, los plásticos y los desechos que devolvieron la fuerza a unas llamas que los bomberos ya conseguían reducir no nacieron junto al río: salieron de casas, talleres y negocios de Armenia, y alguien decidió abandonarlos allí.

Buena parte de esos residuos llega a las zonas verdes por una vía conocida en los barrios. El vecino que no tiene la disciplina de esperar el carro recolector entrega sus bolsas y sus trastos a una persona en situación de calle, le paga unas monedas y se desentiende. La ciudad limpia sus andenes a costa de sus laderas, y quien recibe las monedas carga con la basura y, después, con la culpa.

Los bomberos atribuyen de manera preliminar el incendio de Santa Fe a la quema de residuos por parte de una persona en situación de calle, y aseguran que esa población origina una proporción importante de los incendios de cobertura vegetal en la región. No obstante, señalar solo al último eslabón de la cadena resulta fácil e injusto.

La complicidad también adopta la forma del silencio. Quien ve a alguien arrojar costales cerca a una quebrada y no avisa a las autoridades, o quien percibe el humo negro del cable que se quema para extraer el cobre y cierra la ventana, contribuye a la próxima emergencia. Esas quemas contaminan el aire y pueden prender la vegetación que la sequía deja lista para arder: cincuenta y siete de los ochenta y cuatro incendios de cobertura vegetal que atendió el Cuerpo Oficial de Bomberos este año ocurrieron desde el inicio del fenómeno de El Niño.

El precio de esa indisciplina lo pagan otros: los bomberos que combaten llantas encendidas en terrenos de difícil acceso, los vecinos que respiraron la nube de humo sobre la carrera 18 y la fauna que huye del fuego, como la zarigüeya rescatada en el sector de Salvador Allende.

Corregir esta conducta no exige grandes inversiones. Basta con respetar los horarios de recolección, preguntar a la empresa cómo disponer de los residuos especiales, negarse a pagar por un botadero improvisado y denunciar ante la Policía o los bomberos cada vertimiento y cada quema. A la empresa de aseo le corresponde limpiar los focos de basura. Una ciudad que saca su basura a tiempo previene incendios, la responsabilidad es compartida.

 

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