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Desalojado tras el terremoto del 10 de agosto, un edificio del centro de Armenia sufre saqueos diarios y pone en riesgo a quienes pasan por un andén que sigue abierto.

Pieza por pieza, a plena luz del día y sin que nadie lo impida, un edificio que ocupa una cuadra entera del centro de Armenia está desapareciendo a manos de bandidos. Como lo mostró La Crónica en su edición de ayer, la construcción de la carrera 19 entre calles 13 y 14, desalojada por los daños que sufrió en el terremoto de magnitud 7,4 del 10 de agosto, perdió en cuestión de días rejas, puertas, ventanas, sanitarios, lavamanos y hasta parte del cableado eléctrico, según los comerciantes vecinos, que escuchan a diario los golpes de quienes rompen paredes para abrirse paso de un local a otro.

Con el abandono llegaron numerosos habitantes de calle, el consumo de estupefacientes y la acumulación de basura y escombros en el interior y en los alrededores. Afuera, elementos que cayeron a la vía por la acción de los saqueadores causaron el accidente de un motociclista, y una piedra lanzada desde el edificio para quebrar un vidrio estuvo a punto de herir a un adulto mayor que estaba en el andén.

Al saqueo se suma el riesgo de colapso que dejó el terremoto. En uno de los pocos tramos de fachada que siguen en pie, una leyenda pintada con aerosol rojo lo advierte, y aun así el andén continúa abierto, sin cerramiento, mientras muchas personas esperan allí el transporte público y la tierra, como se ha vuelto común en los últimos días, todavía tiembla.

El daño estructural tiene explicación en el sismo; la inacción que denuncian los comerciante no tiene justificación. Según sus testimonios, ni la Alcaldía ni la Policía actuaron para frenar el saqueo, restringir el paso o limpiar el entorno, y el deterioro se acelera cada día en pleno centro de la ciudad.

La Alcaldía tiene que establecer sin más demora, con un concepto técnico, si el inmueble requiere demolición y a quién compete ejecutarla; si la obligación recae en los propietarios, debe exigirles plazos precisos. Mientras tanto, un cerramiento que aísle la fachada, la restricción del paso peatonal, la suspensión del ascenso y descenso de pasajeros frente al edificio y la presencia policial permanente permitirán contener el saqueo y el riesgo. Una acotación final, los habitantes de calle que ocupan el lugar requieren una respuesta social, no solo policial. 

 

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