Editorial / MAYO 04 DE 2021

Libertad de prensa

Atacar un medio de comunicación no es la solución para ninguno de los problemas que tiene el país. 

Libertad de prensa

Precisamente el 3 de mayo, fecha proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas como el Día de la Libertad de Prensa, este medio de comunicación amaneció con sus redes sociales inundadas de mensajes de odio e incitando a la violencia física contra la edificación y contra quienes aquí laboran. La razón de los violentos mensajes no es otra que la difusión hecha por esta casa periodística, sin opinar ni tomar partido en favor o en contra, de los registros fotográficos y en videos, enviados por la propia ciudadanía, de los disturbios ocurridos en el centro de la ciudad el pasado domingo 2 de mayo en horas de la noche.  

Resulta contradictorio que quienes no están de acuerdo con el uso de la fuerza desmedida por parte de los servidores del Estado para garantizar el orden público, acudan precisamente al lenguaje de odio contra los medios de comunicación cuyo papel es solo el de informar. Ninguna de las decisiones tomadas por el ejecutivo nacional, que hoy provocan la indignación colectiva, fueron motivadas por el ejercicio periodístico.      

A quienes se molestaron por la publicación de las noticias relacionadas con los disturbios ocurridos en el centro de la ciudad, y que hoy tienen entre la vida y la muerte a un policía que fue apuñalado ocho veces en distintas partes de su cuerpo, les reiteramos la invitación respetuosa a no abandonar el espíritu de la protesta nacional y a no cambiar la vehemencia de un discurso que ya produjo los primeros buenos resultados –retiro del proyecto de reforma tributaria, renuncia del ministro de Hacienda– por la violencia física ante la cual lo único que habrá será más sangre y dolor.  

Lamentamos cada lesionado y cada muerto en el país producto de los hechos ocurridos durante los últimos seis días de movilizaciones sociales, los cambios que con justicia reclama el pueblo no deberían provocar tragedias. Lo avanzado no se puede perder permitiendo que infiltrados en las marchas tiñan la buena imagen que, por lo menos en el Quindío, quienes lideran el reclamo colectivo y quienes participan en las marchas, han sabido construir.  

Lo otro, no menos importante, es evitar hacer juicios apresurados o generalizar. No todo aquel que tiene un uniforme verde es un asesino, no todo aquel que marcha y grita es un vándalo, no todo aquel que pertenece al poder ejecutivo o legislativo es corrupto y mediocre, y los medios de comunicación no son financiados por el gobierno cuando lo que publican desnude los errores que también quienes marchan y reclaman cometen.  

Una cosa es lo que el ciudadano expresa y publica o reenvía a través de sus redes sociales, aunque no le conste, y otra la objetiva revisión de la información recogida por parte de los medios de comunicación. En las salas de redacción la información debe ser contrastada antes de ser publicada, no hacerlo convertiría a los periodistas o medios en simples parlantes o megáfonos sin criterio y de espaldas a la responsabilidad de informar.  

Las páginas de este periódico y las redes sociales seguirán abiertas a todas las opiniones, LA CRÓNICA no tiene un jefe político, tiene una junta directiva y una gerencia que orienta las acciones administrativas, y una sala de redacción que procura, aunque eso no evita el error, hacer un trabajo serio, decente y de servicio a la comunidad. Lo demostramos con nuestras publicaciones, todas abiertas al escrutinio general. 

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