Editorial / ENERO 15 DE 2022

Los antivacunas

Sí, los antivacunas deben tener garantías laborales y no pueden ser objeto de señalamiento social alguno, pero también deben actuar con responsabilidad. 

Los antivacunas

Nada distinto a respetar la posición de quienes abiertamente se han declarado antivacunas es lo que debe hacer el gobierno nacional y, por supuesto, quienes ya se han inyectado los biológicos contra la Covid-19 o piensan hacerlo. Es entendible que haya personas alegando temor a su salud, objeción de conciencia o anteponiendo sus principios religiosos para negarse a inyectarse el biológico que previene o atenúa los efectos de la pandemia en el organismo.  

Tal como hay que aceptar la decisión de quienes por creencias religiosas no trabajan los domingos o se oponen a una transfusión de sangre o a donar un órgano, hay que obrar con los antivacunas. Por eso, a quienes con convicción han dicho no a la vacuna antiCovid hay que entenderlos y no pueden ser objeto de agresión, discriminación o señalamiento. Lamentablemente, muchos de los hoy declarados antivacunas lo hicieron motivados por una cadena anónima de WhatsApp o una falsa noticia. 

Está muy bien que cada cual decida libremente y con argumentos, ojalá soportados en la ciencia y no en correos de brujas, si se inyecta o no. Lo que no está en discusión, y por eso no puede ser negociable, es que, a todos los ciudadanos, vacunados o no, se les exija que acaten los protocolos de protección personal. Puede estar en discusión el porcentaje de efectividad de una vacuna contra la Covid, pero la letalidad de la enfermedad no es un invento y las cifras de muertos y contagiados no hacen parte de una conspiración mundial. 

Vacunados o no, los ciudadanos deben procurar el distanciamiento físico en lugares públicos y con personas distintas a su núcleo familiar, lavarse permanentemente las manos y utilizar el tapabocas. Estas condiciones deben ser acatadas, sin reparo, por cada trabajador, máxime si entre sus funciones está la atención de público. Así como hay que respetar a quien no se quiere vacunar, los llamados antivacunas deben respetar a los demás cuidándose en todo momento. 

Lo que resulta inadmisible es que haya antivacunas sin tapabocas, yendo a sus anchas por la vía pública, exponiéndose al contagio y contagiando a los demás. No podrán alegar vulneración alguna a sus derechos los ciudadanos que niegan la efectividad y necesidad de las vacunas contra la Covid, si en algún establecimiento le exigen presentar el carné de vacunación. En este caso tiene que hacerse valer aquella vieja pero sabia frase que reza: el bien general prima sobre el bien particular. 

Las cifras de los últimos días de portadores de la enfermedad, de internados en UCI y de fallecidos, debe ser tenido en cuenta por quienes dijeron sí a la vacuna, quienes lo están pensando y quienes optaron por no inyectarse el biológico. El día de ayer terminó con récord nacional de contagiados (35.923) y la lista de fallecidos volvió a ser mayor a cien. En el Quindío, hace dos días, la cifra de pacientes positivos para el virus fue la más alta desde que se declaró como pandemia el nuevo coronavirus. Que ese presente lo tengan en cuenta todos, los anti y los provacunas, para vacunarse o, por lo menos, para protegerse y proteger a los demás.


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