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Más que anuncios II

sábado, 19 septiembre 2026

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Con apenas 26 ingenieros estructurales, sin recursos y sin reglas claras, el Quindío no logra arrancar su reconstrucción.

De los casi 2.000 ingenieros que ofreció el Copnia para evaluar los daños del terremoto del 10 de agosto, apenas 26 tenían la especialidad estructural requerida, y no todos podían actuar con autonomía. Con ese puñado de profesionales, el Quindío debe revisar más de 5.000 edificaciones, según cálculos preliminares. Sin diagnóstico no hay demolición, y sin demolición no arranca la reconstrucción.

A un mes y nueve días del sismo de San José del Palmar, que golpeó también al resto del Eje Cafetero, al Valle del Cauca y al Chocó, las preguntas superan a las respuestas. La mesa de seguimiento que convocó la Procuraduría el jueves, con la UNGRD, la Gobernación y los alcaldes de Armenia, Calarcá, Montenegro y Quimbaya, lo confirmó y dejó cuatro solicitudes: más ingenieros especializados, el reconocimiento de los doce municipios como afectados, la ampliación del censo de damnificados y el fortalecimiento de los bancos de materiales.

El gobernador Juan Miguel Galvis Bedoya calcula que la reconstrucción costaría entre 2 y 2,5 billones de pesos, frente a los cuales $20.000 millones resultan ínfimos. Quimbaya estima en $4.000 o $5.000 millones el valor de sus demoliciones y apenas pudo destinar $110 millones. Calarcá necesita unos $600 millones para derribar un solo edificio de la plaza Bolívar y no reúne siquiera $400 millones en su fondo de gestión del riesgo. Armenia identifica, en un diagnóstico preliminar, 385 edificaciones irreconstruibles; Montenegro, más de 90 predios por demoler.

A la escasez se suma la incertidumbre. Algunos decretos presidenciales tardaron 25 días en salir. Los subsidios de arrendamiento se anunciaron hace 20 días; en el departamento solo se priorizó a Quimbaya, y el dinero aún no llega. El Fondo Milagro apenas presentó a su gerente. Más de 600 familias de Calarcá tienen casas inhabitables, y los alcaldes enfrentan a diario los reclamos ciudadanos sin fechas ni procedimientos que ofrecer.

El llamado del gobernador y los alcaldes es urgente. La Nación, que asumió —como de ser— el liderazgo de la reconstrucción, debe convertir sus anuncios en giros, cronogramas y reglas claras. Tres decisiones aliviarían la crisis: desplazar al territorio un equipo nacional de ingenieros estructurales con los gastos cubiertos; extender los convenios con universidades, como el que Armenia firmó con la Universidad del Quindío, y concertar con los municipios una primera partida del Fondo Milagro según sus prioridades. Corresponde a la Procuraduría, que se ofreció como interlocutora, exigir plazos verificables. El Quindío supo levantarse del terremoto de 1999. Con recursos oportunos y coordinación entre los tres niveles de gobierno, estamos seguros que lo hará de nuevo, pero necesitamos apoyo más que anuncios.

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