Editorial / SEPTIEMBRE 13 DE 2021

Moción de censura para el Congreso

Solo votaron 85 de los 172 miembros que tiene la Cámara de Representantes y apenas 56 legisladores apoyaron con el sí la moción de censura contra ministra TIC.

Moción de censura para el Congreso

Pasa el país por un nuevo capítulo bochornoso derivado del ego reinante en el poder ejecutivo y la desfachatez campante en el poder legislativo. Mezcla explosiva. Lo de la moción de censura a la ministra TIC, Karen Abudinen, no dejaba de ser un hecho simbólico porque igual a la barranquillera no le quedó otra opción que renunciar, pese a la terquedad del presidente de la República que la sostuvo en el cargo contra viento y marea hasta último momento. Pero era insostenible. 

Lástima que ante un hecho de corrupción tan evidente como el ocurrido en el ministerio TIC, la mayoría en el Congreso, por no decir la totalidad de los honorables habitantes del Capitolio, no hubiera estado alineada con el sentir nacional, por el contrario, muchos de sus integrantes optaron por escurrir el bulto. Solo consiguen con esta tímida y fríamente calculada salida quedar bien con el poder central, aunque eso debilite la credibilidad que su actuar y el de la institución que representan debería tener ante la mayoría de los colombianos.

La moción de censura es un mecanismo constitucional de control político del que pueden valerse los congresistas para provocar que un ministro, superintendente o director de departamento administrativo sea apartado de su cargo cuando se le compruebe una falta grave en el ejercicio de sus funciones o por haber desatendido algún requerimiento del Congreso. Claro, previo a la votación en alguna de las dos cámaras, debe escucharse en plenaria a quien es objeto de la moción de censura y, luego, si la mitad más uno de los integrantes de la cámara que cita vota positivo el funcionario deberá salir de su cargo.

El país estaba esperando solo un resultado, que prosperara la moción de censura contra la cuestionada ministra por el corrupto proyecto de dotación de internet  a los  colegios del país. Pero eso no pasó, otra vez la moción de censura fue manoseada por quienes debieran darle importancia y sitio a esta figura, y lo que sí volvió a prosperar fue el cálculo político. Pésimo mensaje, otra vez, del legislativo para los colombianos porque quienes votaron negativo la moción están queriendo dar a entender que la señora ministra no tuvo ninguna responsabilidad en el enojoso asunto, y quienes se abstuvieron de votar evitaron comprometer sus relaciones políticas, aunque estuviera de por medio algo que tiene tan dolido a un país entero, sus razones tendrán, pero quedaron mal ante quienes en marzo deberán elegir nuevos integrantes para la cámara baja y la cámara alta.

Se suma así, este inexplicable capítulo de la manipulada democracia nacional, a otros no menos injustificables como que el exministro Carrasquilla, responsable de la mayor protesta social que haya vivido el país en los últimos años, se librara de la sesión de moción de censura en su contra y luego de su renuncia fuera premiado con el nombramiento en la junta directiva del Banco de la República. Queda para el recuerdo la moción de censura contra el entonces mindefensa Guillermo Botero, que también renunció antes de la votación en el Congreso, la fracasada solicitud de moción de censura contra los hoy todavía ministros Ángela María Orozco y Diego Molano y el desaparecido ministro Carlos Holmes. Lástima porque si algo espera una nación de quienes los gobiernan es que antepongan los intereses de un país a los de ellos.

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