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Editorial / ABRIL 25 DE 2024

Monumento al abandono

 “Lo que alguna vez fue concebido como un homenaje al café y una muestra de las distintas etapas de su proceso, ahora se ve desvirtuado por la falta de señalización y equipamiento urbano previsto inicialmente”.

Monumento al abandono

Recuperar el esplendor de un lugar que alguna vez fue símbolo de innovación y desarrollo urbano parece ser una tarea que las autoridades municipales de Armenia han relegado al olvido. La Calle Real, concebida como un epicentro de actividad comercial y cultural, ahora se encuentra en un estado de abandono que indigna a quienes la recuerdan en sus días de gloria y entristece a quienes la transitan a diario.

Desde su inauguración, en 2007, la Calle Real ha sido testigo de una transformación gradual, pero no precisamente positiva. Lo que alguna vez fue un emblema de progreso y modernidad, hoy se desdibuja entre quejas y reclamos de comerciantes, turistas y ciudadanos por igual.

El descuido de las autoridades municipales es evidente en cada esquina de este lugar: baldosas rotas, huecos en el pavimento, vendedores ambulantes que invaden el espacio público, basura acumulada en desagües y bancas inservibles son solo algunas de las manifestaciones visibles de la desidia administrativa.

Comerciantes y transeúntes coinciden en su decepción ante la falta de atención por parte de la alcaldía. Y no es para menos. ¿Cómo explicar a los visitantes que este lugar alguna vez fue galardonado por su diseño urbano y paisajístico, cuando ahora se encuentra sumido en el abandono absoluto?

La inseguridad se ha convertido en otro fantasma que acecha la Calle Real. Los robos y abusos son moneda corriente, lo que ha generado un clima de temor entre comerciantes y visitantes. La percepción de inseguridad ha ahuyentado a clientes y turistas, afectando así la actividad comercial local.

El secretario de Gobierno, por su parte, parece dar respuestas vagas y poco contundentes ante esta problemática. La creación de frentes de seguridad y la instalación de cámaras de vigilancia son medidas insuficientes si no van acompañadas de una estrategia integral para abordar las causas subyacentes de la inseguridad.  

Pero quizás lo más olvidado de todo es la tergiversación del proyecto arquitectónico original. Lo que alguna vez fue concebido como un homenaje al café y una muestra de las distintas etapas de su proceso, ahora se ve desvirtuado por la falta de señalización y equipamiento urbano previsto inicialmente. La desvinculación entre la idea original y la realidad es evidente, hasta ahora ninguna administración ha estado dispuesta a revertir esta situación.

Esperamos que la alcaldía de Armenia asuma su responsabilidad y actúe con decisión para rescatar la Calle Real de la decadencia en la que se encuentra. Los armenios merecen un lugar que refleje su orgullo y su identidad, no un monumento al abandono y la indiferencia gubernamental. Una vez se apruebe el plan de desarrollo habrá que pasar de las promesas vacías a la acción concreta, antes de que sea demasiado tarde para recuperar lo que una vez fue un símbolo de progreso y desarrollo para la ciudad.
 


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