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jueves, 15 octubre 2026

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La caída de un bloque de mampostería sobre una vivienda de la carrera 14 evidencia el rezago de las inspecciones posteriores al terremoto del 10 de agosto.

Un bloque de tres metros de largo por metro y medio de ancho se desprendió el lunes 5 de octubre desde el quinto piso de un edificio de la carrera 14 y atravesó el techo de la casa vecina. Debajo, frente a su computador, trabajaba Mauricio Arcila Aristizábal. Salió con un golpe en un dedo y lesiones menores.

El episodio ocurrió casi dos meses después del sismo de magnitud 7,4 con epicentro en el Chocó, que dejó en Armenia 10.800 estructuras averiadas, según el consolidado de Asocapitales con corte al 15 de agosto. Esa cifra explica la presión sobre los organismos de socorro y habla también del tamaño del riesgo que permanece en pie: edificaciones con daños que no siempre se ven y que el tiempo, las lluvias y las réplicas pueden agravar. 

En este caso, los bomberos respondieron con prontitud. Atendieron al afectado, acordonaron la zona y remitieron el caso a la Unidad Municipal de Gestión del Riesgo, cuya inspección, anunciada para ese mismo día, no llegó según el testimonio del afectado. En ese vacío entre la alerta y la evaluación técnica, una emergencia menor puede convertirse en tragedia. Uno de los fragmentos cayó hacia la vía pública y en el techo trabajaban obreros: un peatón, un cliente de los locales cercanos o un trabajador pudieron estar bajo los escombros.

Los estudios estructurales contratados por la copropiedad concluyen, de acuerdo con lo relatado, que el edificio está bien, pero un bloque de fachada que se desprende desmiente esa tranquilidad o, al menos, demuestra que la estabilidad de la estructura no garantiza la de los elementos no estructurales: muros de cerramiento, antepechos, tanques elevados. 

La administración municipal puede priorizar las inspecciones según la exposición —edificios altos contiguos a viviendas, vías concurridas, zonas comerciales—, fijar plazos públicos de respuesta para los reportes que remiten los bomberos y apoyarse en las universidades y en el gremio de ingenieros para ampliar su capacidad técnica. A las copropiedades les corresponde actuar sin esperar unanimidades cuando un concepto profesional identifique riesgo, y a los propietarios, entender que la seguridad de los vecinos no se somete a votación.

Armenia tiene experiencia, normas y conocimiento técnico para evitar que un desprendimiento advertido termine en duelo. Solo falta que la diligencia llegue antes de la próxima caída, esta vez se contó con suerte.

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