Editorial / SEPTIEMBRE 15 DE 2021

Ojo con lo que prometen

Uno de los cedazos, el más importante, por el que va a pasar la nómina de aspirantes al Capitolio Nacional, es su propio discurso. Atentos con lo dicen. 

Ojo con lo que prometen

Se empieza a definir el partidor de candidatos y candidatas al Congreso de la República; picaron en punta no menos de una veintena de aspirantes a suceder al presidente Iván Duque Márquez; si todo marcha como está previsto, en marzo próximo se podrán elegir las 16 curules especiales para la paz. Vuelve la cédula a valer un potosí y, de nuevo en el horizonte, aparece para los ciudadanos la posibilidad de corregir el rumbo de sus territorios mediante el voto o, empeorarlo, si le ponen precio a su documento de identidad. 

En lo que hace referencia al departamento del Quindío, estarán en disputa tres sillas en la Cámara de Representantes y, como es habitual, vendrán muchos nombres foráneos, rodeados de comitivas locales armadas por sus respectivos aliados políticos, a pescar votos para lograr una silla en el Senado, en detrimento de las legítimas aspiraciones que tienen los quindianos de poner un hijo de esta tierra en la cámara alta.  

En pocas semanas las listas de los partidos y movimientos políticos se cerrarán y comenzará una nueva campaña proselitista que ojalá no caiga en las nauseabundas prácticas de las anteriores y que tantos votantes han alejado de las urnas. En un país, con profundas cicatrices dejadas por la pandemia, la democracia puede ser un revulsivo para tan fatigantes últimos 24 meses o terminar en cuidados intensivos como el virus que todo lo cambió. 

Ojalá, y por el bien de este departamento, quienes aspiren a ser elegidos como congresistas, sean ejemplo de pulcritud en su actuar profesional y personal para que los minutos concedidos en medios de comunicación sean utilizados para exponer ideas y no para dar explicaciones u ofrecer excusas. Ese es un primer filtro para que quienes consideran votar el próximo año, vayan decantando las opciones. Desde ya tomen nota, señores electores, de aquellos nombres de candidatos rodeados de cuestionamientos y amistades peligrosas. 

El pez muere por la boca, suelen decir los mayores y para la ocasión aplica. Habría que desconfiar de aquel o aquella que, queriendo llegar a la Cámara de Representantes o al Senado de la República, termine expresándose como un candidato a una alcaldía o una gobernación y prometiendo inalcanzables para el poder legislativo. Ya se oyen en algunos medios, así no sean candidatos oficiales, algunos aspirantes, habrá que valorar la calidad de su discurso para saber cuáles son sus verdaderas intenciones. 

Le corresponde a cada ciudadano informarse, no solo sobre a quién va a elegir, sino, igual o más importante, para qué lo va a elegir. Por cuenta propia cada mayor de 18 años debería indagar sobre las funciones, alcances y limitaciones de los congresistas, para que nos los cojan despistados los politiqueros de turno que con frases gastadas pretender ser los nuevos redentores de un departamento que ayudaron a crucificar.  

También hay quienes aspiran repetir silla en el Congreso, es muy fácil, porque la información es pública, evaluar su paso por esta institución y a la luz de resultados: proyectos presentados y la pertinencia de los mismos, posiciones asumidas en torno a temas fundamentales para el país, podrán dar importantes pistas sobre si quienes aspiran volver a portar la credencial de congresista merece hacerlo.

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