Editorial / AGOSTO 08 DE 2022

Segunda oportunidad

Como esperanzador podría resumirse el discurso de Gustavo Petro Urrego luego de que le fuera impuesta, por la hija de Carlos Pizarro Leongómez, la banda presidencial. 

Segunda oportunidad

Quien desde hoy rige los destinos del país envió un mensaje de unidad y se comprometió públicamente a lograr una Colombia fuerte, justa y unidad. Con un tono sereno, sin revanchismo ni alusiones personales, el nuevo presidente de los colombianos hizo público un decálogo de metas que de cumplirse marcarán un antes y un después en la historia de esta nación. El presidente número 42 por elección popular y el número 118 de la historia de Colombia le dio especial importancia a alcanzar la paz total, aseguró que respetará los acuerdos y que adoptaría “a rajatabla” las recomendaciones de la Comisión de la Verdad. Buen comienzo.

Desde ayer Colombia está gobernada por quien desde siempre encarnó lo opuesto a las élites de poder entre las que se han rotado las llaves de la Casa de Nariño. Gustavo Petro llegó al solio de Bolívar por decisión de la mayoría, por la vía de la democracia y no por la de las armas, como lo intentó por años. Auguran ser este, un gobierno de cambios, diferente en la forma y de fondo, cargado de sanas intenciones, con mayorías en el Congreso, que le apostará a la equidad. Después de su primer discurso como presidente, a los ministros recién posesionados, el ejecutivo nacional les repitió que los cambios serán reales, que no podrá ser retórica lo anunciado y que no pueden fallar. Por el bien de todos, ojalá acierte el nuevo gobierno.

Además de una paz definitiva, el presidente Petro Urrego afirmó que cuidará a los ancianos, a los niños y a las personas con discapacidad; que gobernará con y para las mujeres; que dialogará con todos, que el suyo será un gobierno de puertas abiertas; que no se encerrará en las cortinas de la burocracia para poder estar cerca de los problemas de los colombianos; defenderá a quienes habitan el territorio nacional de las diferentes formas de violencia, para lo cual hará especial énfasis en la prevención y en la modernización de las fuerzas de seguridad; que luchará contra la corrupción; que protegerá el suelo, el subsuelo, el aire, el paisaje, la biodiversidad y frenará la deforestación descontrolada; que impulsará la industria nacional, las economías populares y el campo; y que cumplirá la Constitución Nacional.

De acuerdo, señor presidente, combatir las drogas ilegales no puede, como lo han hecho sus antecesores, reducirse a un compromiso bilateral entre Colombia y los Estados Unidos. El narcotráfico es un asunto latinoamericano, acierta al afirmar que la política antidrogas fracasó y que hay que atacar este cáncer a partir de la prevención del consumo. Colombia merece esa segunda oportunidad que usted se comprometió a liderar, ojalá cuente con un buen equipo, ya tiene el Congreso y la mayoría del país de su lado.

Capítulo aparte y motivo de aplauso es que el presidente Petro vuelva a hablar de distritos de riego, de caminos vecinales y de infraestructura para la educación y la salud, como algunas de sus prioridades. También despierta entusiasmo que aseguré combatirá el hambre, garantizará soberanía alimentaria y hará de esta nación una sociedad del conocimiento. Lo otro fundamental para que Colombia avance serán las cinco reformas por usted expuestas como prioridad: tributaria, salud, pensiones, contrato laboral y ecuación; de la sapiencia con que usted y su equipo de ministros plantee y comunique estas reformas se sabrá de entrada si lo que propone es de verdad una segunda oportunidad o más de lo mismo.


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