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En su aniversario, La Crónica del Quindío repasa su historia, muestra cómo se hace cada edición y reafirma el valor del periodismo impreso frente a la desinformación.

Una noticia falsa llega más lejos y más rápido que una verdadera, según un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts que publicó la revista Science en 2018. En ese escenario de posverdad, donde la emoción pesa más que el dato y abundan portales que imitan a los medios para difundir propaganda en lugar de noticias, La Crónica del Quindío cumple 35 años. Llega a esta fecha en una hora aciaga, con un departamento que el sismo del 10 de agosto sacudió de nuevo y con heridas que el Quindío conoce desde 1999.

Esta edición de aniversario propone un recorrido por la memoria del departamento y por la trastienda del oficio. Las páginas 2 y 3 repasan 35 noticias que marcaron al Quindío entre alegrías, tragedias y escándalos; las 7 y 8 abren la sede para mostrar quiénes construyen cada ejemplar, desde la recepción hasta el reparto de la madrugada; las 9 y 10 cuentan el tránsito hacia las plataformas digitales, y la 16 retrata al hombre que, entre planchas y tinta, convierte el trabajo de la redacción en papel.

Ese recorrido importa porque la verdad perdió su lugar de privilegio. Los algoritmos premian lo que indigna, los falsos medios copian la apariencia del periodismo sin asumir sus obligaciones y no faltan intereses de poder que tergiversan la realidad para imponer una versión conveniente. Hay instituciones que temen el cuestionamiento y prefieren pagar por el aplauso, y oficinas de prensa que disfrazan de noticia la mentira, maquillan los datos y repiten verdades a medias hasta hacerlas pasar por completas. La desinformación prospera donde nadie verifica, donde nadie firma y donde nadie responde ante el lector.

Frente a ese ruido, el periodismo regional tiene una ventaja: la cercanía. Quien escribe en el Quindío se cruza al día siguiente con el alcalde, el comandante de Policía o el vecino de la noticia, y esa proximidad obliga —aún más— a la precisión. El periódico impreso añade una garantía que la pantalla no ofrece: lo publicado queda fijo, con fecha y firma, y nadie puede borrarlo ni editarlo en silencio. Por eso el papel es memoria, y por eso también es control.

Treinta y cinco años después, la apuesta por el periodismo serio sigue intacta. Contra la desinformación, la respuesta está en más reportería, más verificación y más explicación. Seguiremos adelante con la convicción de que el periódico impreso es necesario y de que la reconstrucción del Quindío necesita información verificada, contexto y vigilancia sobre el poder. La Crónica del Quindío estará donde estuvo siempre: presente, del lado de la gente, de los hechos, de la verdad.


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