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Los aguaceros de septiembre no desmienten el pronóstico: El Niño se fortalece y lo más duro llegará con la temporada seca.

La probabilidad de que El Niño se mantenga hasta febrero de 2027 es de casi el 100 %, así lo anunció el 3 de septiembre la Organización Meteorológica Mundial, que por primera vez se pronunció en términos tan categóricos.

Las lluvias recientes en el Quindío hacen creer que El Niño quedó atrás: el miércoles 23 de septiembre, un vendaval inundó en Quimbaya la sede temporal del hospital y el centro cultural donde funciona buena parte de la alcaldía; el domingo 27, otro dejó en Montenegro 14 puntos afectados y pérdidas cercanas a $1.000 millones. Ambos municipios cargan aún con los estragos del terremoto del 10 de agosto. “No esperábamos que, dentro del verano que se vive, llegaran estas fuertes lluvias”, admitió el alcalde montenegrino, Gustavo Adolfo Pava Busch. La sorpresa es comprensible.

El Niño reduce el promedio de lluvias y eleva la temperatura, sin impedir aguaceros aislados ni tormentas puntuales, propiciados en la región andina por ondas tropicales y por las tres cordilleras, que retienen humedad. La Circular 85 de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, del 18 de septiembre, pide reforzar la prevención en esta segunda temporada de lluvias, más escasa de lo habitual y capaz, aun así, de provocar crecientes súbitas y deslizamientos.

Mientras tento, en el Pacífico tropical el fenómeno se fortalece. El Ideam confirmó el 10 de septiembre el cuarto trimestre móvil de persistencia de El Niño, y los modelos proyectan que se mantendrá, con intensidad muy fuerte, hasta el primer trimestre de 2027. Entre octubre y diciembre, la probabilidad de que sea el evento más intenso desde 1950 alcanza el 75 %.

Lo peor es que la etapa más difícil aún no llega. Cuando comience la temporada seca de diciembre, el déficit de lluvias se sumará a temperaturas más altas y caudales en descenso. El Ideam prevé presión sobre el abastecimiento humano, la agricultura y la generación hidroeléctrica, mayor riesgo de incendios de cobertura vegetal y condiciones propicias para el dengue. En este departamento, donde algunas familias duermen bajo techos provisionales y ciertas redes de alcantarillado colapsan con un aguacero fuerte, ese escenario exige doble previsión.

Esta tregua conviene aprovecharla. Las alcaldías pueden actualizar sus planes de contingencia y revisar bocatomas y redes; hogares y fincas, recoger agua lluvia en tanques tapados, a salvo de los zancudos. Ahorrar antes de que el racionamiento lo imponga es la manera más sensata de no confiarse. Cada litro que se ahorre hoy contará cuando el agua escasee.

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