Editorial / ENERO 13 DE 2021

Tocó así

El encierro obligatorio, que era a lo que no se quería volver por la afectación económica que supone, volvió a ser una buena opción. Cuando los ciudadanos no se autorregulan, le toca al Estado actuar.

Tocó así

De nuevo apareció el toque de queda indefinido en todo el departamento del Quindío, esta vez de diez de la noche a cinco de la mañana del día siguiente. Medida oportuna y necesaria, que corre el riesgo de tenerse que endurecer si los ciudadanos insisten en conductas irresponsables como la vivida el fin de semana en el barrio Ciudad Dorada y a diario en diferentes lugares públicos de la capital quindiana. Bastante testaruda e indolente resultó una buena parte de la población para la que los más de setecientos muertos, que hasta ahora deja la pandemia en este territorio, no son suficiente razón para adoptar una posición más responsable, madura y solidaria. 

No es mucho lo que se le está pidiendo a la población, es solo que use tapabocas, que se lave las manos con frecuencia y no sea parte de aglomeraciones, pero no quiere hacer caso. Por eso, bienvenido el toque de queda en todo el departamento, una medida como esta contribuye al bienestar general, es una buena alternativa para disminuir accidentes en las vías, delitos y demás comportamientos contrarios a la sana convivencia que terminan congestionando innecesariamente los pisos de hospitales y clínicas.

Lamentable por una parte del sector gastronómico y el de bares a quienes este toque de queda los vuelve a golpear sin haberse logrado reponer todavía de la paliza económica que les provocó el encierro nacional del año pasado. Para ellos hay que pensar alternativas y la representación gremial, junto con el poder ejecutivo local, deben abanderar soluciones que mitiguen el impacto que esta nueva restricción tendrá sobre ellos y no se pierdan más empleos ni se cierren más negocios.

Por lo demás, la afectación es casi nula en los otros sectores productivos. Quienes por su oficio indispensable deban circular después de las diez de la noche, de seguro tendrán un trato considerado y acorde con su labor. Hay que apoyar al gobernador y los alcaldes con la medida que empezó a regir la noche anterior porque privilegia la vida y sin provocar una catástrofe económica le da un respiro a la agobiada estructura de salud departamental.

Resultaba un total contrasentido, aunque ya pasó y los perjuicios fueron incubados, que mientras los vecinos de departamentos endurecían los controles para contener la propagación del virus, en el Quindío hubiera prevalecido la generosidad para recibir a todo el que quisiera venir sin importar que el precio fuera la masiva importación de contagios, especialmente de Bogotá, foco nacional de la pandemia.

Ahora la preocupación, amén de salvar vidas, es no tener recursos físicos ni profesionales de la salud en cantidad y calidad para hacerlo. El comunicado del hospital San Juan de Dios, pidiendo hojas de vida a médicos, auxiliares y terapeutas respiratorios, para reforzar su nómina, advierte fatiga en el personal médico de la institución y propone un nuevo reto para las autoridades locales, que no será superado si los potenciales usuarios de una cama Uci o una unidad de cuidados intermedios, que puede ser cualquiera, insiste en comportamiento egoístas, altaneros y contrarios a la inteligencia emocional que debe reinar por estos días.

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