Editorial / ENERO 28 DE 2022

Urge una reforma

El negocio de la venta de servicios de salud de las EPS en Colombia es una torta de la que quieren comer muchos y tajadas demasiado grandes, por eso es tan malo el servicio. 

Urge una reforma

Después de casi cinco años de estar bajo la medida de vigilancia especial fue liquidada la EPS Coomeva. De ese tamaño es la alcahuetería con las empresas prestadoras de servicios de salud y a ese paquidérmico ritmo avanzan las intervenciones en entidades que, pese a ser inviables, financieramente y tener deudas millonarias con la red hospitalaria, prestan un pésimo servicio a los usuarios.  

Asegura el superintendente de Salud, Fabio Aristizábal Ángel que: “…no vamos a permitir que las EPS jueguen con la salud de los usuarios y que pongan en riesgo la atención que requiere la población infantil y los pacientes con cáncer e insuficiencia renal”. Qué tal, pues si es que es eso precisamente, jugar con la salud de niños, jóvenes y adultos, y maltratar usuarios, lo que diariamente y desde hace mucho tiempo hacen varias EPS, señor superintendente, ¿no se había dado cuenta? 

La EPS Coomeva, reza en el informe de la Superintendencia de Salud, tiene pasivos por un valor aproximado de $1.7 billones, un nivel de endeudamiento equivalente a 1.6 veces el total de sus activos, pérdidas acumuladas por encima de un billón de pesos, durante el 2021 tuvo pérdidas por $190.000 millones y a 30 acreedores les debe $700.000 millones, amén de las 193.100 quejas, peticiones y reclamos que acumuló desde el 2019 a la fecha.  

No se entiende cómo duró casi cinco años más una EPS con tan negativos indicadores, sumando multas por más de $20.000 millones y haciendo de la prestación del servicio de salud la peor enfermedad de pacientes con enfermedades terminales, mujeres en embarazo, niños y adultos mayores. Lo más preocupante es que lo que ahora está pasando con la EPS Coomeva ya había pasado con otras EPS y tendrá que pasar, lastimosamente cuando se acumule otro lustro de daños y maltratos a miles de usuarios, con otras EPS. 

Molesta la permisividad de las autoridades y el silencio cómplice del legislativo y el ejecutivo nacional con un sistema de prestación de servicios de salud que solo provoca malestar. Hace rato debió haber cursado una reforma que elimine tantos intermediarios, simplifique el modelo de prestación del servicio y del negocio y mejore la atención de los usuarios. Resulta necio negar que el país ha crecido en cobertura en salud y que en eso Colombia está mejor, mucho mejor que antes y que otras naciones vecinas, pero la calidad del servicio prestado es pésima.   

Esas 30.000 tutelas que tuvieron que poner los usuarios de EPS Coomeva, durante los últimos tres años, para reclamar un servicio de salud oportuno y de calidad, refleja el pésimo papel de esta entidad, que poco se diferencia de otras prestadoras de servicios de salud. Ese es el padecimiento de millones de colombianos y eso lo sabe el gobierno, como también conoce tantos casos de pacientes a los que les fueron autorizados procedimientos o medicamentos después de morir, o que agonizan esperando un visto bueno de una junta de médicos, o que ven cómo, por ejemplo, un cáncer les invade el cuerpo mientras esperan el resultado de una tutela para que la EPS les autorice un servicio.

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