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sábado, 26 septiembre 2026

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El aguacero del 23 de septiembre encontró a Quimbaya bajo los techos provisionales que dejó el terremoto.

El terremoto del 10 de agosto destruyó 578 viviendas en Quimbaya y averió cerca de 3.000 más, según el balance que el Gobierno nacional presentó el 11 de septiembre. Mes y medio después, muchas familias siguen bajo cubiertas de plástico y tejas reacomodadas de urgencia. Varios de esos techos cedieron la noche del miércoles 23 de septiembre, cuando un aguacero con fuertes vientos azotó el municipio, y el agua dañó camas, colchones, electrodomésticos y ropa, lo poco que el sismo perdonó.

La sede temporal del hospital Sagrado Corazón de Jesús, el centro cultural donde despacha buena parte de la alcaldía y el albergue contiguo a la pista de BMX también se inundaron. En el hospital, el desbordamiento del alcantarillado afectó urgencias, hospitalización y fisioterapia; en el centro cultural, última edificación disponible para la administración, los cielorrasos terminaron en el piso. En el barrio Clementina, el deslizamiento que abrió el terremoto amenaza con arrastrar varias viviendas si las lluvias debilitan más el terreno.

Funcionarios, bomberos y algunos usuarios con escobas en mano restablecieron el servicio de urgencias esa misma madrugada. La alcaldía llevó maquinaria al pie del deslizamiento, adelanta un nuevo censo y repartirá tejas en sus propios vehículos. Ese esfuerzo tiene límites, y una administración sin lugar donde trabajar difícilmente puede conducir sola la recuperación de un municipio golpeado dos veces en menos de dos meses.

Doce días antes del aguacero, el presidente Abelardo de La Espriella anunció en Quimbaya recursos para vivienda, colegios, vías y acueductos. El llamado del gobernador y los alcaldes del Quindío a pasar de los anuncios a los hechos encuentra aquí su prueba más urgente. La mesa de seguimiento que convocó la Procuraduría pidió más ingenieros estructurales, el reconocimiento de los doce municipios como afectados y la ampliación del censo de damnificados. Mientras falten evaluaciones técnicas, las decisiones se aplazan, y los vecinos de Grisales escuchan que, por vivir en zona de alto riesgo y en casas que deben demolerse, quizá no reciban auxilio. 

La Nación, que asumió el liderazgo de la reconstrucción, puede actuar de inmediato con un subsidio de cubierta transitoria que no dependa del destino de cada vivienda, sedes modulares para la alcaldía y el hospital y recursos para reparar el alcantarillado que colapsó el miércoles. Quimbaya, a pesar de ser el municipio más afectado del departamento, resistió bien, ahora requiere atención urgente —como el resto del Quindío—.

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