Editorial / MAYO 17 DE 2022

Vulneradas y vulnerables

Seguirán las cifras de crímenes contra las mujeres en aumento mientras este tipo de delitos sean considerados muchas veces por la justicia, como todo parece indicar, como hechos rutinarios. 

Vulneradas y vulnerables

En video quedó registrado el momento exacto en que un hombre, apostado en una esquina del barrio Granada de Armenia, ataca con una sustancia, al parecer ácido, a una mujer que se desplazaba a pie por el sector. La víctima sufrió quemaduras en su cuerpo y al cierre de esta edición era valorada por profesionales de la salud. Ojalá el video sirva para capturar y judicializar al agresor, no tienen excusas las autoridades para no dar con el paradero del criminal y castigarlo con toda la severidad a que haya lugar. 

Con toda la parsimonia y retando a la Policía y los jueces, el agresor procede, tal vez lo hace presintiendo que el castigo será mínimo o que seguramente no será considerado como un peligro para la sociedad y así sea capturado, horas después, estará al acecho de su siguiente víctima en la vía pública. El criminal de este caso se ensañó con la mujer. Según se aprecia en el video captado por una de las cámaras de vigilancia del sector, hasta no haberse asegurado de causar el mayor daño posible no se apartó de la indefensa mujer. 

A esa injusta condición de vulnerabilidad que les impusieron desde tiempos inmemoriales, las mujeres están sumando todo el peso de una sociedad machista y recalcitrante que sigue retrasada en cuanto a respeto de los derechos humanos del género femenino. Ya no se trata solo de discriminación en todos los escenarios, lo cual de por sí es bastante grave, la violencia en todas sus manifestaciones, contra ellas, sigue aumentando con el paso de los días. Pero, inexplicablemente, las denuncias interpuestas por violencia de género son desestimadas en los juzgados porque parecieran ser para muchos, hechos menores, aunque hayan incubado crímenes atroces. 

Asiste este país a decisiones tan absurdas como la de castigar a un maltratador con casa por cárcel y así dejar bajo el mismo techo al verdugo con su víctima. Poco ha sido el impacto de esa cruzada que aseguró emprendería la vicepresidenta de la República, Marta Lucía Ramírez Blanco, para defender a las mujeres de tantos peligros que tienen en la vía pública, en sus lugares de trabajo y hasta en sus propios hogares. Aunque se siga avanzando en acceso de mujeres a posiciones de poder, las cifras de feminicidios y maltrato hacia ellas no ceden. 

Este delito (violencia contra la mujer) sigue desbordado, cada día en Colombia hay algo que lamentar sobre el particular. Mujeres que fueron violadas, torturadas y asesinadas porque se negaron a continuar una relación sentimental; mujeres discriminadas y agredidas en sus lugares de trabajo y en universidades; mujeres acosadas sexualmente en gimnasios, el transporte público y la calle. La solidaridad con ellas no pasa de manifiestos, comunicados de prensa y declaraciones mediáticas. En hechos, es poco el avance y las garantías de no repetición son casi que inexistentes.

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