Opinión / FEBRERO 23 DE 2021

Alternancia educativa

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El gobierno nacional, a través del ministerio de Educación, insiste en la implementación de la “alternancia educativa”, que no es otra cosa que, la combinación de la presencialidad y la virtualidad en las escuelas y colegios del país; sin embargo, la discusión no ha incluido temas sensibles como la calidad educativa, el poco interés del Estado por diseñar planes de estudio más eficaces y competitivos, que sean coherentes con las nuevas tecnologías y la digitalización. Es evidente que el debate de la presencialidad gradual, se debe centrar inicialmente en la capacidad logística y operativa que tienen los establecimientos educativos para suministrar eficientemente agua, jabón y alcohol; como también para controlar el distanciamiento social en las aulas y en los descansos, pues como en esos aspectos no ha habido la suficiente planeación que garantice estos aspectos; la mayoría de los padres de estudiantes ha decidido no enviar a sus hijos a los claustros educativos, y muchos docentes de escuelas y colegios oficiales rechazan la presencialidad; por su parte las universidades públicas y privadas tomaron la decisión de continuar en la virtualidad. Quienes defienden el regreso a las aulas, coinciden en afirmar que las instituciones educativas son para los estudiantes referentes de seguridad, protección, socialización y reencuentro de amigos; insisten además en que el encierro está afectando a los niños y jóvenes en su comportamiento, pues ese aislamiento los ha vuelto más irritables, tristes y ansiosos —asunto en el que tienen razón—. Es claro que la alternancia es necesaria, no admite discusión, lo relevante es identificar si es el momento adecuado o no; pues todo indica que, mientras el nivel central no haga las inversiones requeridas para garantizar la conectividad de tal manera que el total de alumnos pueda estudiar en casa, además de la trasferencia de recursos para la contratación del personal requerido para controlar las aglomeraciones a través de la barrera biológica, pues es obvio que los menores no tienen la responsabilidad suficiente para acatar el distanciamiento social, ellos desean fervientemente abrazar a sus amigos, socializar y jugar con ellos; aunque los científicos afirman que los niños tienen menos posibilidades de contagio, no existe la certeza de que no contraigan el virus. Es claro que, la reactivación económica requiere que más personas salgan a trabajar y a los establecimientos comerciales, lo que implica que los menores estén solos en casa, es entonces cuando se hace necesaria la alternancia, pero la solución es compleja porque el gobierno de Iván Duque, delegó a las alcaldías y gobernaciones la responsabilidad en el manejo de estos procesos, para que construya con rectores y docentes de instituciones educativas nuevas formas de relación con la familia en torno de la formación académica; pero no trasfiere los recursos que se necesitan. En lo relacionado con el departamento del Quindío, aún no existe claridad, ni certeza del personal que se necesita para el cumplimiento de los protocolos, ni los horarios de alternancia, por lo que el Suteq se opone a ese modelo educativo.


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