Opinión / NOVIEMBRE 25 DE 2021

Amigos de letras

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Uno de los gatos de Joaquín Sabina se llama Elvis y el nombre se le debe a Gabriel García Márquez. La anécdota se la contó Sabina al escritor Juan José Millás mientras se alistaban para jugar un chico de billar en la casa del cantautor: un día García Márquez acariciaba al gato y recordó una ocasión en que se alistaba para una cena con Juan Carlos de Borbón en México. El nieto del escritor se acercó y le preguntó por qué se estaba poniendo tan elegante, y el abuelo le respondió que lo había invitado a cenar el Rey. ¿Elvis?, preguntó con sorpresa el niño, y entonces surgió el nombre que le regaló a Sabina para su mascota. 

La canción “GDBD” −Gente Despertando Bajo Dictadura−, de Rubén Blades, incluida en el álbum “Buscando América” de 1984, también tiene la huella de García Márquez. Blades la escribió con la intención de esclarecer un dilema recurrente en las conversaciones con el Nobel sobre la relación entre música y literatura, y como respuesta a la negativa de que escribieran algo a cuatro manos. La canción es básicamente un cuento corto que Blades cantó y grabó en una sola toma sin más acompañamiento que una vibración de fondo. La amistad entre García Márquez y Blades, y el tira y afloje para un trabajo colaborativo, fructificaría algunos años después −1987− con el álbum “Agua de luna”, en el que el panameño hizo una lectura e interpretación de algunos de los cuentos de la narrativa temprana de García Márquez. La versión de “Ojos de perro azul” es una de las muchas genialidades dentro del cancionero de Blades.

La semana pasada la Academia Latina de la Grabación le concedió a Joaquín Sabina y a Rubén Blades los dos reconocimientos más importantes dentro de sus categorías: Premio a la excelencia musical para el español; y Persona del año para el panameño. El encuentro de los dos músicos en Las Vegas, sus palabras e interpretaciones, emocionaron a sus colegas y al público que desde muchos lugares se conectó con la satisfacción de volver a celebrar la música latina de manera presencial y por lo alto homenajeando a estos dos brillantes compositores e intérpretes que, con más de cincuenta años de carrera, y superados los setenta de vida, aún tienen mucho por crear y cantar. La prueba es que Blades recibió además el Grammy a Álbum del año por “Salswing!”, un portentoso trabajo con la orquesta de Roberto Delgado de Panamá en el que ponen en diálogo la salsa con el jazz. Así mismo, Sabina anunció que pronto volverá a los escenarios para interpretar sus clásicos y las composiciones recientes que, según se ha sabido, tiene listas para un nuevo álbum y habrían surgido durante el confinamiento de la pandemia.

Seguramente García Márquez habría celebrado los reconocimientos a sus dos amigos cantautores. Sin duda el complejo universo narrativo del cancionero de Blades, y el virtuosismo poético e irónico de Sabina para componer, le deben mucho al gran fabulador de Aracataca. 
 


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