Opinión / MAYO 22 DE 2022

Anuncio constante

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

A propósito de la expresión relacionada con los efectos de la ola invernal en el Quindío. “Llevamos más de 35 años aquí en la zona y conozco el río como la palma de mi mano y nunca lo había visto así de crecido.”

La operación de los organismos de socorro y control del riesgo en los eventos catastróficos se circunscribe en acciones rutinarias encaminadas a dar soluciones puntuales al momento de la contingencia presentada.

Ejecutan exhaustivas inspecciones en sitio, buscan establecer los orígenes y pérdidas suscitadas. De inmediato, se activan los planes de vigilancia, se hacen llamados a la comunidad a tener precaución y cuidado para que no presenten más afectaciones y viene la declaración característica de los funcionarios: “Hay damnificados, pero, por fortuna, no se registran víctimas mortales.”

En relación a las constantemente afectaciones originadas por los efectos del cambio climático (fuertes lluvias, vendavales, desbordamiento de ríos y quebradas, arrastre de puentes, viviendas, deslizamientos, remociones en masa, taponamiento de carreteras y caminos, averías en bocatomas y sistemas de conducción de los acueductos), se leen as concebidas declaraciones de las autoridades en la ocurrencia de estos eventos: estamos dispuestos a los llamados de la comunidad.

Pero, como todo en nuestra querida democracia se limita a la elaboración de hojas de ruta, planes de acción, estrategias, procesos, lineamientos, diagnóstico y actuaciones repentinas, que se circunscriben al suministro de Insumos que mitiguen las necesidades presentadas momentáneamente. Al respecto surgen algunas preguntas: ¿Por qué repetitivamente se presentan este tipo de eventos? Si existen organizados e ilustrados “Petetes”, encaminados a la mitigación de los riesgos referidos. Pareciera que son extensos tratados que reposan como letra muerta, refundidos en los anaqueles de los despachos correspondientes.

¿Qué se sabe en relación a los fenómenos tales como la extinción de las rondas hídricas? Estas han sido invadidas hasta sus orillas con cultivos, pastizales, actividades turísticas, urbanizaciones incontroladas que obstaculizan el paisaje cultural cafetero, ante la mirada impávida de nuestras “eficientes autoridades”.

Sumado a lo anterior, los desastres ambientales por factores como: la denudación de los suelos a causa de la tala de la flora protectora, para dar paso al plantío de enormes monocultivos a campo abierto, que han  roto el equilibrio biológico, permitiendo el lavado y oxidación de los nutrientes del suelo por efecto de las lluvias y la exposición directa de los rayos solares.

El Quindío hoy es un desierto verde, integrado por monocultivos de aguacates, plátano, ganadería extensiva, y la invasión de la selva de cemento, representada en la invasión arquitectónica de parcelaciones y condominios rurales, totalmente descontextualizados en correspondencia con la arquitectura derivada de las colonizaciones.
 


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net