Opinión / ENERO 13 DE 2021

Capitolios abusados

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Coherencia, correspondencia entre discurso y actos, entre reacciones frente a hechos y fundamentos conceptuales predefinidos, es ahora, por desgracia, rasgo extraño en políticos, comunicadores, o comentaristas. Lo ‘normal’, es el acomodo del momento, la reacción emotiva ante sucesos de relieve, obviando el debido contraste con su propio bloque de principios. Lo ocurrido la semana anterior en el hoy hollado templo de la democracia gringa, suscita toda suerte de condenas por parte de demócratas auténticos y de ocasión, de oportunistas y falsos defensores de la legalidad. Sí, realmente monstruoso, inconcebible en un megapaís de instituciones firmes, consolidadas, referente mundial del sistema democrático, la irrupción con visos de vandalaje, de miles de energúmenos manifestantes en contra de resultados electorales, por demás inciertos y tardíos. Parece unánime la censura respecto al hecho, a la actitud personal del presidente en funciones, y a las imprevisibles consecuencias, sobre todo en contra de sectores de población opuestos al nuevo partido de gobierno. Los adeptos al bando republicano, tienen derecho, tanto a guardar dudas sobre la transparencia del proceso, enrarecido días antes de su realización, entre otras razones por decisiones políticas en varios estados, con el pretexto Covid, extendiendo el calendario de recepción de votos por correo y los horarios de las urnas, como por el súbito e inexplicable giro de las tendencias en los resultados, horas después de iniciado el conteo, cuando las proyecciones daban como ganadora a la dupla Trump-Pence. No lo tienen, en cambio, a violentar decisiones tomadas intentando acciones de fuerza, por completo fuera de lugar en un país civilizado, con mayor razón si existen canales legales para tramitar y resolver objeciones.

En el plano nacional colombiano, los furibundos antitrump, pro-Biden, Sanders, Acasio-Cortez, etc., quienes ven en la llegada al poder de Biden-Harris, un estímulo para aventuras socialistoides alrededor del globo, expresan en coro su indignación. Fanatismo, racismo, xenofobia, vandalismo, entre cargos menores, se les atribuyen a quienes creen en el soberbio magnate que ocupó durante cuatro años el solio de Lincoln. Claro, se les olvida a nuestros criollos censores, a quienes hoy se escandalizan por la reacción popular ante manejos electorales oscuros, ocupando edificios públicos, un mínimo detalle: bastantes entre ellos, por ejemplo, comunicadores, opinadores, políticos, promovieron desde sus nichos, la irrupción en nuestro capitolio de una caterva de asesinos, secuestradores, narcoterroristas, violadores, más todos los etcéteras imaginables, como congresistas, en contra de la sagrada voluntad popular expresada en las urnas. Débil memoria, frágil ética, inexistentes principios. Igualmente obvian referirse a las tropelías de Chávez y Maduro contra la Asamblea Nacional venezolana, órgano legislativo de nuestro país hermano, o a las protestas vandálicas promovidas, azuzadas, por el exguerrillo del M-19, quien derrotado en las urnas, amenazaba al país colombiano, al gobierno legítimamente elegido, con aquella bellaquería de, “nos vemos en la calle”. Débil memoria, frágil ética, inexistentes principios…


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