Opinión / NOVIEMBRE 06 DE 2010

Cautivos

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Una serie de publicaciones han venido circulando sobre el tema del secuestro, hecho cruento, desgraciadamente nada extraño para la historia de la humanidad, pero que en nuestro suelo, adquirió en los últimos años una constante fatal e infame, merced al desencadenamiento fatal del conflicto.

Creo que todos estos trabajos tienen una significativa utilidad en términos históricos, con el fin de ilustrar la aciaga época actual y cada uno, por lo menos los que he leído hasta ahora, Luis Eladio Pérez, John Pinchao, los americanos, Gechen, Clara Rojas, Íngrid, entre otros, ofrecen consideraciones valiosas para el ciudadano y para el analista.

Cautiva[1] es el título de la obra de Clara Rojas, Abogada de la universidad del Rosario, con especialización en ciencias políticas y alguna experiencia pública en el momento de su secuestro como compañera de fórmula de Íngrid Betancourt. Su trabajo es como una tesis de grado, bien escrita y un libreto calculado previamente. Salta a la vista la diferencia con el libro de Pinchao, por ejemplo, quien no ahorra pormenores y detalles de su cautiverio y posterior fuga, para no mencionar el trabajo de Íngrid que comentaremos posteriormente. Rojas reflexiona sobre el tiempo perdido: “Cuando miro atrás no puedo evitar que me invada la melancolía. Hay algo que nunca podré recuperar: el tiempo que trascurrió y que no volverá, en especial los tres primeros años de mi hijo Emmanuel... me causa un profundo dolor pensar que en mi cautiverio se fueron seis valiosísimos años de mi existencia...”

La narración enmarca los hechos, vicisitudes e inmensas soledades y tragedias que se viven en el fondo de la selva, pero estos personajes que llegan curtidos por el sufrimiento y las carencias, tienen, como le pasa a Clara Rojas, un valor espiritual superior para avanzar en el caminar vital y señalar: “...con mi hijo en mente, he desterrado de mi alma todo atisbo de rencor. No voy a seguir amargándome el resto de mis días por algo que ya pasó... para superarlo, necesito conjugar el verbo perdonar en todas sus formas: yo perdono, tu perdonas, él (ella) perdona, nosotros perdonamos, ellos (ellas) perdonan”.
Clara no revela el nombre del padre de Emmanuel y creo que no hace falta en un escrito que invito a leer, porque enseña el valioso significado de la dignidad y la valentía.


[1] Cautiva. Clara Rojas. Grupo editorial Norma.251 páginas.

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