Opinión / OCTUBRE 17 DE 2020

Cómo matar patos de torrentes III

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Las empresas extractivistas tienen una ventaja en el territorio colombiano: y esa ventaja consiste en que son territorios empobrecidos. Cuota inicial para tener pequeñas colonias. 

E incluso, en su gran mayoría tiene gobiernos locales con muy poca capacidad de gestión para construir y poner en práctica alternativas diferentes a la explotación minera. Quizá omiten otro tipo de fuente de riqueza que no sea sacrificar los recursos naturales. 

Yuval Harari, en su último libro 21 lecciones para el siglo XXI, piensa que para los humanos “es más fácil reconducir un río mediante la construcción de una presa que predecir las complejas consecuencias que ello tendrá para el sistema ecológico de la religión”. Se deriva entonces que no se tiene garantizado para ninguna especie su supervivencia en el Quindío, porque en cualquier momento su hábitat puede ser modificado sin prever las afectaciones inmediatas. 

Los patos necesitan de las corrientes de los ríos de Pijao y Génova como los monos aulladores requieren del monte del Ocaso en Quimbaya. Pero toda la región cafetera se encuentra amenazada en virtud de la irracionalidad de empresas aguacateras que envenenan los suelos con pesticidas y matan las abejas sin que la autoridad ambiental tome medidas de protección. La incursión entonces de empresas de energía que ven el recurso hídrico con alta posibilidad de poder energético para llevarla a la interconexión del país a través de pequeñas centrales hidroeléctricas, no creen que los patos tenga un valor que esté por encima de la riqueza monetaria que se genera con sus represas. 

Municipios que son pequeñas colonias de empresas extractivas, bien sea por actividades de explotación en el subsuelo o en la superficie, siempre tienen un plan diseñado para el control de la población: en el caso por ejemplo del municipio de Génova, donde avanzan los trámites para la construcción de la hidroeléctrica, la misma empresa E-eléctrica S. A. S, dice: “Con el objeto de socializar el proyecto, no encontrando oposición por parte de la nueva administración municipal”. 

El plan de control incluye “contacto con líderes”, “control de gestión con la comunidad”, entre otras estrategias de dominio que permitirá que el resto de la sociedad descarte resistir: comenzando por el mismo alcalde, a quien lo pueden persuadir fácilmente cuando le vendan la idea de que dicho proyecto generará importantes recursos. Quizá ya lo hicieron. 

Finalmente, este tipo de casos, lo había demostrado en una columna anterior, por el silencio que se guarda cuando los recursos comienzan a llegar a las alcaldías, caso examinado municipio de Manzanares, Caldas. E igual sucede con el  municipio de Chaparral–Tolima–, quien por concepto de venta de energía de la hidroeléctrica-Amoyá, entre 2019 y 2020 recibió $2.538.483.730. 


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