Opinión / SEPTIEMBRE 07 DE 2021

Contra el atraso

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Iniciada la campaña presidencial llama la atención la profusión de nombres, grupos y partidos que aspiran al solio de Bolívar, más de treinta nombres que quisieran ejercer el difícil e ingrato cargo de presidente; desde luego la lista se decantará inexorablemente y después de las elecciones parlamentarias de marzo, quedarán los finalistas de los sectores de derecha, centro e izquierda.

La pandemia ha multiplicado los problemas de Estado que los sucesivos gobiernos han tratado de solucionar, empezando por la corrupción acrecentada en el siglo XXI, con el imperio de las elecciones populares que han fracasado casi completamente, el notable desequilibrio social, la pobreza y el desempleo, la inseguridad y el aumento significativo de la guerra, aún firmada la paz.

Claro que candidato que se respete habla de inequidad social y hace malabarismos programáticos que buscan solucionar en el menor posible; esa cantaleta es bien conocida por la gente, pero pasan los años y la pobreza y la desigualdad social crecen como espuma y en cada gobierno le ponen pañitos de agua tibia con algún asistencialismo. Colombia y muchos otros países sufren un retroceso social muy grave y deben ponerse en marcha reformas drásticas para que el Estado represente condiciones de vida aceptables para millones de seres humanos por fuera del progreso.

La batalla contra la corrupción parece perdida y en este proceso, es posible, es deseable, que los electores castiguen a los ladrones de cuello blanco; el voto adquiere un valor suplementario de asepsia eligiendo parlamentarios eficaces y diamantinos. Es una manera de comenzar bien.

Pero se debe volcar el futuro gobierno a crear más y mejores empleos productivos como una política general del nuevo dignatario y de sus ministros: Más empleos, más austeridad en el gasto público, más propósitos colectivos de salir adelante; pero he planteado que la gran batalla por empleo productivo debe ser de todos, no entregar el programa al ministro del ramo, para que duerma el sueño de los justos. No, debe ser bandera de un gobierno social.

Como corolario de una situación anómala crece la inseguridad en la mayoría de ciudades; en forma espantosa y brutal matan las personas por robarle un centavo o un celular, o cualquier cosa; la gran mayoría de hampones surgen de las barriadas miserables, perseguidos, capturados y muy pronto en libertad.

La protesta social que ha sido muy significativa en este período, debe canalizarse con una buena participación electoral, en los próximos consejos juveniles, en la escogencia de congresistas valiosos y en la buena elección presidencial. La democracia se fortalece con la presencia masiva de ciudadanos en las urnas, trazando desde la base un nuevo rumbo a la nación, con un mandato fresco que trate de instalar la nación en el progreso universal, un aumento significativo del nivel material y espiritual de los más desvalidos. Comenzar la batalla definitiva contra el atraso.


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