Opinión / SEPTIEMBRE 28 DE 2021

Crisis humanitaria

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Las migraciones humanas de uno a otro confín se pierden en los orígenes de la humanidad como un elemento clave de la sociedad y de la historia; pero con los años, el crecimiento de la población y el aumento de notorias desigualdades sociales y países  opulentos, ha crecido como espuma en los últimos tiempos; el ser humano busca otros horizontes diferentes a su espacio natal por múltiples circunstancias, como un cruce de caminos, de oriente a occidente, de sur a norte, de África a varios países de Europa y Estados Unidos; de Asia a Europa, o Estados del Golfo; de China a Estados Unidos; de América Latina a Estados Unidos principalmente; de México a E. E. U. U. y Canadá, en fin, de Francia a cualquier parte y de Estados Unidos, a otros ámbitos.

Es sin duda una realidad sociológica y económica que crece cada día, como dice el último informe de la OIM:  “(…) La migración es ahora una cuestión política de primera orden, entrelazada con los derechos humanos, el desarrollo y la geopolítica a nivel  nacional, regional e internacional (…)” (1); es decir, se vienen generando oleadas migratorias que están desbordando el trabajo tradicional de las Naciones Unidas y de otros organismos, con situaciones abrumadoras y brutales.

Esa circunstancia la venimos observando en las trágicas embarcaciones de africanos, cruzando el mar mediterráneo, buscando alcanzar el continente europeo, con resultados, casi siempre, fatales; o en las enormes penurias de asiáticos, hindúes, árabes, habitantes de Europa oriental, turcos, buscando afanosamente un puesto en la vida Europa actual, para no hablar de la oleada venezolana a Colombia y otras naciones del sur del continente.

Y, como la tapa de la olla, la inhumana y brutal migración de haitianos, que recorren medio continente para buscar su sueño dorado, los Estados Unidos. Hombres, mujeres y niños en un recorrido de escarnio y dolores, de engaños y fraudes, en un infame calvario desde su isla quebrada hasta Ecuador, Colombia, Panamá, Centro América, las goteras de México con la frontera norteamericana y, al final, la devolución vía aérea a su país de origen.

Debo confesar mi estupor y creo la indignación general por esta horrorosa situación, que pareciera no tener doliente ni en las Naciones Unidas, ni en organismos de Derechos Humanos, ni una palabra del señor Vivanco, una especie de vigilante ad honorem; y una posición francamente contradictoria del presidente Biden, que dice una cosa, pero enseguida, los caballos corretean a las pobres gentes, casi desechos humanos, a los ojos incrédulos de todo el mundo.

En la próxima reunión del G-7 y en la actual asamblea general de Naciones Unidas, esta situación debería ser el primer punto de análisis: una crisis humanitaria sin precedentes en varios puntos neurálgicos del planeta pues se trata de seres humanos. Es una imprecación legítima y urgente. El gran novelista ruso León Tolstoi escribió su cuento Pobres Gentes, pero por fortuna no llevó a su tumba, la triste constatación de esta época de creciente incertidumbre.

1) Informe de la organización Internacional para las Migraciones. 2020.
 


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