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Opinión / ABRIL 22 DE 2024

Decir y decir cosas no significa que nos comunicamos

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En esencia, el daily chat es una forma de mantenerse conectado digitalmente y sostener relaciones interpersonales aparentemente sólidas. Se habla sobre cualquier tema y se registra la cotidianidad. Así que fácilmente podría decirse que el daily chat no es más que una forma moderna de entablar amistades, pero creo que esta, para que sea sincera y logre perdurar, requiere de una comunicación dialógica muy distinta a la de un chat, que es un escenario impersonal, una manifestación más de la modernidad líquida de la que tanto habló Bauman.

Tuve un daily chat que me acompañó durante más de 14 meses en un sinfín de cotidianidades. No éramos novios ni teníamos un proyecto en común. Tampoco era una relación “casi algo” sentimental. Aunque de vez en cuando sosteníamos conversaciones en las que los miedos y esperanzas podían ser expresados con facilidad, un día mi chat diario simplemente ya no estaba. Cada vez dudo más de si fue realmente una comunicación real, al menos en el sentido que propone Buber. Por ahora, creo que no fue más que un daily chat, solo eso. En ese momento, aún no conocía esta expresión, pero la comunicación digital me ayudó a ponerle nombre a algo que nunca llegué a entender.

Podría explicarlo mejor con el cortometraje “A Daily Chat”, dirigido por Cheng-Hsu Chung en 2017. La historia explora la dinámica de las relaciones interpersonales, especialmente aquellas cargadas de sobreinformación en las que los involucrados construyen una relación a partir de datos, emojis, risas, malentendidos y ausencias.

La historia animada comienza con dos cuerpos amorfos que se acompañan mientras están atados a un árbol. “Te amo”, dice uno de los cuerpos (llamémoslo A), y el otro (llamémoslo B) se ríe y se desprenden del árbol para acompañarse mutuamente en las banalidades y peripecias de una cotidianidad anómala, blanca y gris. Pero un día, B decide marcharse.

A se desespera ante la ausencia y comienza a buscar a B entre los recuerdos que sus interacciones diarias dejaron atrás. Después de un largo recorrido en busca del cuerpo que lo acompañó, logra encontrarlo nuevamente pendiendo de un árbol, pero ahora acompañado por otro cuerpo con el que construye una nueva relación a partir de datos, emojis, risas, gritos y ausencias.

Supongo que así funcionan las conexiones digitales. Y creo que esa es la gran diferencia entre un daily chat y las relaciones orgánicas por las que deberíamos seguir esforzándonos. Mientras que en el primero simplemente nos hacemos compañía diaria, como si nuestra cotidianidad tuviera sentido solo porque alguien la atestiguara, en la segunda se desarrolla la idea de comunidad a partir de vínculos interpersonales recíprocos basados en la confianza, el reconocimiento y la conexión emocional.

No condeno el daily chat, pues se revela como un fenómeno complejo en el panorama de las relaciones interpersonales en la cultura digital. A través de él, navegamos las aguas de la modernidad líquida, buscando conexiones genuinas en un mundo lleno de datos y distancias, pero creo que, sea cual sea la forma de comunicación, debe primar siempre la dialógica que propone Buber, donde encontramos escenarios recíprocos de autorreflexión y reconocimiento mutuo.


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