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Opinión / MAYO 16 DE 2021

Dejar todo para después

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Muchas reacciones, comportamientos y actitudes  se han exacerbado en la pandemia producto de las distintas y cambiantes  condiciones a las que nos hemos expuesto durante este tiempo. Una de ellas tiene que ver con las nuevas maneras de trabajar, estudiar o asumir las diferentes situaciones y tareas cotidianas. Seguramente a todos nos  ha sucedido durante este año que con frecuencia aplazamos algunas obligaciones, decisiones o actividades. Tendemos a evitar lo que no nos gusta, ciertas  obligaciones o  deberes que nos resultan difíciles, repetitivos, monótonos o poco estimulantes. Con frecuencia sentimos la necesidad de descansar antes de ponernos  en “modo trabajo” , hacer algo que divierta para sentirnos un poco mejor en lugar de hacer lo que nos cuesta esfuerzo . 

Esto que se conoce como procrastinar , una palabra uno poco rara que se deriva del latín pro (para) cras (mañana) y que significa postergar para otro momento situaciones de la vida diaria. Se traduce en muchas acciones como aplazar las tareas importantes mientras se invierte  el tiempo en actividades más entretenidas y agradables pero con frecuencia innecesarias. En innumerables “luegos”, como luego te llamo, luego hago ejercicio o luego termino el proyecto que se nos vuelven excusas y razon poderosa para postergar lo que no queremos hacer y distraernos en otras actividades mas amigables.

Son muchas las razones por lo que esto ocurre en estas situaciones extraordinarias que estamos viviendo en las que seguramente la fatiga, el estrés, la ansiedad que producen hace que el  esfuerzo que implica realizar ciertas actividades sea mayor, cueste mas trabajo  concentrarse y mantener  el foco en una actividad hasta terminarla. Y como consecuencia organizar el tiempo y los recursos de manera eficiente y productiva resulta difícil y  nos lleva a usar la salida de posponer .

En este contexto resulta comprensible y aun adaptativo. El problema es que se convierta en un patrón, es decir en algo que repetimos en varios aspectos de la vida. En un mal habito que termina siendo un circulo vicioso que tiene efectos negativos que van desde sentimientos de culpa por no hacer las tareas que debía hacerse y la inquietud de tenerlas pendientes o de frustración por sabotear los propios planes  o por  no lograr los objetivos,  hasta consecuencias mas graves en el ámbito personal, laboral o académico. 

Dejar para mañana lo que se puede hacer hoy, es en esencia una actitud que mantiene al cerebro activo buscando no pensar, pero alerta como si lo estuviera haciendo, lo que tiene un alto costo mental y emocional.

Dejar de procrastinar es una tendencia de la cual cuesta desprenderse e implica un cambio que requiere mucha constancia y fuerza de voluntad.  Pero como todo en la vida es cuestión de tomar la decisión de hacer lo que es importante así implique un esfuerzo y aplazar lo que no es prioritario o importante para hacer lo que si.  

El dicho de las abuelas de “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy” podría resultar además de sabio muy practico y rentable en términos de la calma y la tranquilidad que tanto necesitamos. Cabria aquí una buena pregunta  “?Porque no lo haces ya?

Después el café se enfría,

Después la prioridad cambia,

Después el encanto se pierde,

Después temprano se convierte en tarde,

Después la añoranza se pasa,

Después las cosas cambian,

Después los hijos crecen,

Después la gente envejece,

Después el día es noche,

Después la vida se acaba…
 


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