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Opinión / ABRIL 03 DE 2024

Desde Cerro Ancón (3)

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Aparte de lazos históricos casi extintos en la memoria colombo-panameña, el interés hacia el país ístmico se extiende a otros campos: asombrosas cifras macroeconómicas, con crecimientos del PIB que en promedio, tras la pandemia COVID, supera los dos dígitos; sostenido incremento del turismo receptivo -casi el 30 % el año anterior-, mínima inflación, grandes obras de infraestructura, proyección industrial, comercial, desarrollo urbanístico, zona libre del puerto de Colón, entre otras, con una economía dolarizada desde su independencia. 

Pocos destinos ofrecen tantas positivas sorpresas y tan amable trato a las visitas como su ciudad capital. Dos enormes terminales aéreos integrados, uno de estos para uso exclusivo de Copa, su aerolínea bandera que conecta en vuelo directo con Armenia, dos pistas, 53 mangas de abordaje, 17 operaciones promedio hora, en el Aeropuerto Tocumen, con dotación y servicios para el viajero, muy superiores al promedio; ágil atención de migración y aduanas, estación final del sistema metro; todo dispuesto para el disfrute de los más de dos millones de turistas calculados para el año en curso, procedentes de los cinco continentes. 

Ya en suelo panameño, usted y su bolsillo deciden qué tipo de turismo desean y pueden hacer. Playas a elegir en los dos litorales, pintorescas poblaciones, paisajes marinos, de montaña, oferta hotelera y gastronómica desde modestos e informales alojamientos urbanos o rurales, hasta hoteles top; desde pequeños restaurantes, cafés, cadenas de comida rápida, con menús populares, hasta sitios exclusivos de alta cocina, un ilimitado abanico de posibilidades se abre para propios o forasteros.

Habrán conmigo muchos a quienes nos guía en predios ajenos la actitud del visitante, no del turista que atropella y exige. Visita significa serena observación, respeto por costumbres y formas de los residentes locales; diálogo espontáneo, integración con el paisaje humano. Al visitante le importa conocer el lugar, el entorno social, geográfico; su historia, realidad cotidiana, expectativas. Bajo similar tónica, en Panamá, como en otras latitudes del globo, es grato tomar un transporte colectivo o individual e indagar, conversar, camino, por ejemplo, al Mercado de mariscos, en el ingreso al casco antiguo, degustar con el refresco de la brisa marina, un ceviche o alguno de los platos fuertes de los varios puestos que compiten, al lado de botes de pesca artesanal, o rumbo al tradicional -ahora modernizado-, Mercado de San Felipe, multicolor, alegre, pulcro, donde la oferta gastronómica, de frutas, víveres, hortalizas, cárnicos, se multiplica. Placeres sencillos, de bajo costo, que abren los espíritus a la estimulante sensibilidad.

Sorpresa mayor para quienes conocimos la Ciudad años 70 u 80, con su caótico transporte urbano, representa el sistema integrado metro y su acelerada expansión, incluidas rutas alimentadoras que cubren el área urbana y suburbana. Con dos líneas en servicio y otra en construcción, hacia el extremo oeste, constituye la estructura vertebral de la urbe en acelerado ensanche. Cada vuelta de torniquete en las estaciones tiene un ínfimo costo de US$.25 -menos de mil pesos colombianos-. Eso cuesta trasladarse de Tocumen al centro urbano, a cualquiera de las zonas hoteleras; o si usted prefiere, al terminal de transporte terrestre interprovincial, anexo a la estación Albrook, con innumerables destinos a escoger, y a bajísimos costos. Desde allí se puede ir a las exclusas de Miraflores, a balnearios playeros, al muelle turístico donde se abordan las embarcaciones hacia isla Taboga; en fin, un enorme surtido de posibilidades al servicio de quien desee. De emotiva evocación, el trote dominical, apenas prometido el sol, por el extenso y bien dispuesto parque de la franja costera, fascinante semicírculo entre el casco viejo y Punta Paitilla, sector residencial, bancario y corporativo, de admirable arquitectura vertical. La lista de atractivos del país y su capital excede este espacio; pero anímense, Panamá espera por todos. Un conductor de taxi me dejó sin respuesta posible: menos mal nos separamos de Colombia. ¿Se imagina, Panamá en manos de un Pablo Escobar o de un adicto…?
 


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