Opinión / ENERO 18 DE 2022

Determinantes elecciones al congreso

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Aunque Colombia se mueve en medio de patologías sociales de corrupción, injusticia, desigualdad y violencia; barnizadas por espejismos del Estado, avanza hacia la primera jornada del calendario electoral 2022, con las elecciones a Cámara y Senado; sin embargo, la principal apuesta debe centrarse en disminuir la abstención, pues justamente el congreso es la entidad más desprestigiada del país, con un 72 % de desfavorabilidad. Quizás por eso es que, los congresistas están concentrados en sus campañas, bien sea en la búsqueda de la reelección o para apoyar otras aspiraciones, y, por supuesto, están enfocados en la promoción de sus precandidatos a la presidencia de Colombia. 

Debido a esa mediocridad y corrupción imperantes es que se puede afirmar cómo transcurren los cuatro años de cada congresista: el primer año para los primíparos, es el reconocimiento de los pasillos del Congreso, sus secretos y “misterios” de la alta politiquería y “tráfico” de influencias, entre los mismos congresistas y el gobierno nacional; para los repitentes, es el tiempo de afilar las “garras”, de tal forma que puedan sortear los asuntos más complejos; el segundo año es cuando se consolidan las alianzas legislativo y ejecutivo, por lo que el tercer año es de altísimos beneficios  para los representantes y senadores; el cuarto año literalmente es inane para la comunidad, pues están concentrados en dinámicas proselitistas. Sin embargo, y pese al desprestigio de la clase política en Colombia, los expertos calculan que el congreso podría registrar una renovación del 60 %, aun así, eso no garantiza que esa transformación esté asociada al cambio en las formas de hacer política, de participar en los debates y de aprobar o improbar los proyectos legislativos, y de ejercer el control político. Por estas consideraciones, se puede afirmar que los congresistas que van de salida, y quienes buscan su permanencia en el Congreso, no tienen intención de regresar a las plenarias pertinentes, pues las campañas les absorbe la mayoría de su tiempo; lo que significa que el envilecido acuerdo de Escazú no formará parte de la agenda legislativa, pues  en escasos 3 meses, sin carácter de urgencia por parte de Iván Duque, lo logren votar en las comisiones y las dos sesiones plenarias; pese a su importancia, para el fortalecimiento de los objetivos que garanticen el acceso a la información ambiental, la participación comunitaria en la toma de decisiones en relación con los recursos naturales y el medio ambiente; por eso Escazú es la gran deuda de Iván Duque y de los congresistas, en un desafiante desprecio por los temas ambientales. Así las cosas, los colombianos podrán elegir de entre 2.835 aspirantes representantes a la cámara y senadores, pero cuyos resultados establecerán el nuevo mapa político, ya que, de acuerdo con los resultados, se conocerán las fuerzas dominantes que entrarán a determinar las posiciones estructurales de influencia de los partidos y su consolidación territorial política. La cita con el voto en las urnas el 13 de marzo, es un compromiso vital para la construcción de ciudadanía y democracia, no asistir es ceder los espacios ganados, a la politiquería y la corrupción.     


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