Opinión / JULIO 07 DE 2022

El ocaso del Paisaje Cultural

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La caficultura, otrora principal actividad social, económica y cultural colombiana, ha disminuido. Cada día decrece el número de unidades agrarias cafeteras y las que persisten han pensado en cambiar de actividad. 

De la caída del pacto internacional del café provino la crisis cafetera, reflejada en constante inestabilidad con tendencia a la baja de su precio en los mercados locales e internacionales. Esta incertidumbre ha motivado la búsqueda de otras alternativas económicas que redimiera a los cafeteros de la crisis socioeconómica presentada. 

Hoy el café no es un importante renglón económico, su predominio como indicador del producto interno colombiano hizo mella. Contexto que ha permitido la mutación productiva poco amigables con el medio ambiente, como la implementación de ganaderías extensivas, monocultivos, extracción de recursos naturales no renovables (actividad minera-energética), colosal actividad turística invasiva del paisaje natural, que conlleva intenso proceso urbanizador atípico a la condición de la arquitectura de las colonizaciones, factores totalmente paradójicos y contrarios al fundamento de los pilares y atributos del “Paisaje Cultural Cafetero.” 

El desencanto cunde en los cafeteros rasos, los pequeños productores, verdaderos protagonistas, que, con su grupo familiar, en sus pequeños minifundios, que escasamente superan el promedio de 3 ha. (el 95% son menores a 5 hectáreas), históricamente se han dedicado al cultivo y constituyeron el sostén histórico de la actividad, conciben el paisaje cultural cafetero como una representación que gravita en la incredulidad y desconcierto, ante el evidente pasado pletórico de riqueza y prosperidad. 

El desvanecimiento paulatino de la caficultura ha derivado hechos tales como: insostenibilidad, desintegración del núcleo familiar, pérdida de la seguridad alimentaria que proveían los cultivos asociados al café (maíz, hortalizas, yuca, plátano, frijol, frutales), emigración a ciudades y  otros países (principalmente a los urbes vecinas y países como: EE. UU. y España, entre otros), el relevo generacional está desapareciendo, no hay motivación y estímulos para que los jóvenes permanezcan trabajando en el campo. La mayoría tiende a buscar oportunidades de estudio o laborales que no se relacionan con la práctica cafetera. Desmotivados por el bajo nivel económico y pobreza en sus hogares, a pesar de que sus familias hayan dedicado toda su vida a esa actividad, no ven atrayente consagrarse a esta. Todo lo expuesto presupone la pérdida de identidad cultural y un radical vertiginoso cambio de la caficultura ajeno a la leyenda del Paisaje Cultural Cafetero y en consecuencia el proceso histórico, natural y cultural que dio origen al Paisaje Cultural Cafetero, vivirá como una fantástica y bucólica recordación de tiempos pasados. 
 


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