Opinión / NOVIEMBRE 21 DE 2020

El que reanima a otros…

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“El que reanima a otros, será reanimado. Si usted quiere que su sueño se cumpla, ayude a que el sueño de alguien más se haga realidad”, Joel Osteen.

Sabias palabras que llegan acertadamente en los momentos actuales de tanta zozobra, de tanta angustia y dolor para las personas que hoy sufren por causa del huracán Iota, que quedaron a la deriva, sin pertenencias, sin su hogar y, además, con varios desaparecidos; por esta deplorable situación, agregada increíblemente a los estragos de la muy nombrada pandemia. Estamos siendo testigos de sucesos de los que son víctimas muchísimas personas, a las que posiblemente podemos ayudar uniéndonos a las peticiones que hacen los medios de comunicación y tantas otras instituciones que tienen que ver con ayuda humanitaria, que se han unido a la admirable y oportuna ayuda del gobierno. Estamos invitando a reanimar a otros. El significado del término reanimar es: devolver las fuerzas o la energía física a una persona que está decaída. Por eso, nos remitimos al mensaje inicial, para tratar de hacerlo efectivo y lograr reanimar a todos los que tenemos cerca: a nuestra familia y a cuantos podamos llegar con nuestras palabras de aliento, con nuestra ayuda oportuna y claro está, con nuestras oraciones. “Cuando se toma el tiempo de invertir en otros, las semillas que usted siembre, siempre van a regresar a usted”, Osteen. Cuánta sabiduría en sus palabras, en sus enseñanzas y es por eso, que casi siempre está presente en mis escritos, para llevar a quienes me leen, voces de entusiasmo, de nuevas energías, de fe, de esperanza y tantas otras que se necesitan hoy en nuestra vida. “Usted no puede ayudar a todos, pero puede ayudar a alguien. Hay personas a las que Dios ha puesto en su camino, que están conectadas con su destino. Mientras las ayude a levantarse más alto, usted también se levantará más alto. A medida que usted se convierta en un milagro, Dios le dará milagros”, Osteen. Alimentemos nuestro espíritu con estas reflexiones sabias, didácticas y de una gran profundidad, que llegan directamente a nuestra alma, a nuestra comunicación con Dios. De eso se trata, tenemos una urgencia humanitaria que debemos atender en la medida de nuestras capacidades y, sobre todo, de alguna manera posible, debido a las restricciones y protocolos que tenemos que cumplir y no sabemos hasta cuándo.

Pero no todo puede ser tristeza, lágrimas, desolación; recordemos que se acerca a pasos agigantados la Navidad, el tiempo más hermoso, más alegre, más esperanzador; recibámoslo como debe ser, hagamos un alto en el camino tortuoso que estamos deambulando, para rendirle un homenaje anticipado al Niño Dios y pedirle su intervención para calmar el dolor de tantos hermanos: Ven salvador nuestro por quien suspiramos, ¡ven a nuestras almas, ven no tardes tanto!
 


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