Opinión / ENERO 13 DE 2021

El rescate de un gallinazo

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Hoy, la convivencia entre seres humanos y naturaleza hace que volvamos a reconciliarnos con ella misma. Los animales y plantas son seres sintientes, cumplen el ciclo vital de nacer, crecer, reproducirse y morir; se alimentan de sustancias orgánicas presentes en el mundo exterior, que les proporcionan energía.

En un pequeño rincón del planeta —Calarcá, Quindío— aún la vida tiene algo de sentido, en un medio en el cual el ser humano se ensaña contra la vida, generando instintos de violencia que nos hace únicos como especie animal que habla, ríe, llora, odia; pero poco amante de la vida en todas sus expresiones.

Todavía nos encontramos con seres humanos valientes al defender la vida, por más insignificante que esta sea.

La joven animalista y concejal de Calarcá, Cristina Arbeláez, acudió al llamado de la comunidad rural del municipio para auxiliar a un gallinazo que, desafortunadamente quedó atrapado en las ramas de un gigantesco árbol. 

“El martes 17 de noviembre de 2020 se presentó un hecho muy lamentable. El ave se encontraba colgando en un árbol muy alto. La Corporación Autónoma Regional del Quindío, CRQ, y bomberos se encontraban con toda la disposición para liberarlo, me confié en que lo harían y me fui. En la noche me reportaron que el animal seguía atrapado allí, nos movilizamos al sitio y un escalador arribó hasta el lugar y a las 2 a. m. se terminó el rescate”, relató la joven animalista.

Sí. Un gallinazo, especie repudiada por muchos por su aspecto poco agradable, también por ser un animal carroñero. Lo que muchas personas no saben es que tanto el cóndor andino y el zopilote rey son gallinazos, por lo cual son criaturas fantásticas para el medio ambiente, porque ellos limpian la carroña que se genera en cualquier lugar y aseguran que los ciclos naturales se cumplan. 

Para dejar constancia de que la acción valiente de Cristina Arbeláez sí valió la pena, traigo a colación un bello poema de Gabriel Vélez Mejía:

“Gallinazo de negro plumaje,

Tú no tienes donaire, hermosura;

te negó tus encantos natura

y no obstante me inspiras ternura.

A pesar de tu tosca figura

grande y noble misión desempeñas

en la tierra del hombre inhumano,

que tan solo con odio te mira.

Tu mando en la altura y en el éter,

aire puro a respirar doquier;

y no obstante a la tierra desciendes,

la carroña y la mugre a barrer.

¡Gracias, noble, fugaz mensajero!

por la sabia lección que nos das:

haz el bien sin buscar recompensa,

aunque en cambio recibas desdén”.

Sí. El mundo está lleno de cosas bonitas, de grandes acciones que dignifican a los animales como seres sintientes, que por muy insignificantes que parezcan, en este caso, permitió hacer volar de nuevo a un glamuroso gallinazo que, quizás algún día, se alimente de los desechos de nuestra especie, cada día más inhumana con los animales.

Cuando uno lee el libro Fragmentos de los abrazos, del titán del pensamiento latinoamericano, Eduardo Galeano, nos dice: “Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás”.

En este pequeño acto altruista, la joven Cristina Arbeláez brilla con su propia luz.


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