Opinión / MARZO 05 DE 2021

El sargazo colombiano

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Se la conoce como una macroalga que enturbia las aguas cristalinas del Atlántico y prolifera en el conocido Triángulo de las Bermudas. Un área geográfica que forma un equilátero entre las Islas Bermudas, Puerto Rico y Miami; célebre por los mitos y leyendas sobre naufragios y desapariciones de vuelos sepultados en la historia de los misterios.


 Esta analogía nos sirve de marco para reflexionar sobre la delicada situación de Colombia, sus diálogos sin norte, de escaso contenido social y político, que día a día discurren como si fueran parte de un país que construye una fábula sin rumbo, camino a zozobrar en el mar de los sargazos colombiano. 
Las aristas de las Bermudas nos ayudan a comprender la crónica que estamos construyendo. 
La guerra en Colombia comenzó a cambiar de rumbo hace más de 20 años. Cuando los diarios registraban el horror de las masacres, los secuestros y las pescas milagrosas, hechos atroces que esculpieron una enorme lápida de tragedia; otro capítulo se escribía en segundo plano. 


De manera silenciosa sin registro noticioso alguno, lentamente como las macroalgas otra realidad se extendía a lo largo del territorio nacional. La izquierda enseñaba polaridad en las escuelas de los lugares apartados, luego en las aulas de los municipios y rápidamente escalaron a las capitales y por supuesto a las universidades. Allí no predicaron marxismo, ni comunismo, fueron sutiles en su discurso; promovieron la polaridad representada por el 1 % de la riqueza y sus lamentables actuaciones corruptas, de los contratos incumplidos, de un país con una brecha social enorme, de los afanes personales de enriquecimiento; todos ellos se constituían en notables testimonios para promover la cátedra de la polaridad. 


Esa polaridad que es real, viene siendo explotada por los integrantes del reciente pacto histórico, señalados como los partidos de la izquierda; representados en una juventud indignada que reclama una sociedad más justa, menos desigual, un país menos corrupto, sin duda un diálogo que se alimenta desde la derecha, representados por la farándula de cuello blanco; una realidad que es capitalizada por la izquierda; este sería la primera arista del triángulo. 


Ahora veamos qué pasa con los sin rumbo. Dicen ser de centro izquierda, no dicen nada en concreto, es como si el ginecólogo le indicará a su paciente, “me da la impresión de que estas ligeramente embarazada”, por supuesto que ese estado de ligereza no es posible, mejor aún, no sería prudente un diagnóstico de esta naturaleza, eso es lo que trasmiten estos graciosos actores; no obstante, si hay algo cierto y de la mayor consideración; le suman a la izquierda restando votos a la derecha, en otras palabras embrollan y no dicen nada en concreto. 
Nos resta solo una arista para calcar el triángulo de las Bermudas repleto de quimeras misteriosas; algo parecido se gesta en Colombia, una historia llena de tinieblas y de un futuro incierto. No dicen que son de la derecha, eso les resta protagonismo, acuden a buscar sellos de identidad poco prolijos y de escasa significación; pero finalmente no pueden liberarse de ese sello social y de tradición política.  


Les gusta practicar lo que he denominado la convergencia inversa; que es decir lo mismo en desacuerdo, lo importante es marcar la diferencia desde el discurso vacío, de armar un mecano de palabras para buscar protagonismo; pero los hechos del día a día no los ayudan, el establecimiento al cual pertenecen no les aporta; las noticias de la corrupción y los escándalos son cotidianos, además de los contratos y las promesas incumplidas, son noticias habituales, al tiempo que las altísimas tasas de desempleo juvenil y las brechas sociales son asuntos sin atender; un marco de referencia que no aporta a la abultada lista de precandidatos; en donde los votos de la división no suman al resultado final.  


No vamos por buen sendero, es hora de abandonar la arrogancia y rodear a un candidato de amplia convergencia y c redibilidad, que motive la juventud, que nos aleje de los vicios tradicionales de una política fallida, que nos muestre un futuro de esperanza y no de incertidumbre que nos lleve a naufragar en medio de los sargazos; una persona del talante como Alejandro Gaviria, sin duda es un hombre de futuro que nos ayuda a distanciarnos del misterioso y temible triangulo de las Bermudas. 


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