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Opinión / MAYO 02 DE 2021

El teletrabajo

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Además de la salud, una de las áreas más fuertemente impactadas por la pandemia ha sido el mundo laboral. El trabajo de muchas personas en el mundo se ha transformado y en la necesidad de reformularse para seguir siendo productivos ha migrado al ámbito digital. Transición nada sencilla pues en la mayoría de los casos no estábamos acostumbrados a trabajar de esta manera y se pasó a la modalidad de teletrabajo intempestivamente. No fue posible en muchos casos planificar las condiciones, físicas, tecnológicas u organizacionales del mismo. Pero además en las empresas en las que ya era una práctica este ha resultado ser diferente al que se realizaba antes de la pandemia, pues el hecho de compartir el espacio de la casa con otros integrantes de la familia, como es la realidad de muchos durante este último año, nos ha abocado a grandes desafíos y nuevos paradigmas de organización, adaptación y disciplina.

Todas estas exigencias combinadas y la necesidad de lograr el equilibrio entre trabajo y vida personal y familiar cobran factura en diferentes aspectos de la vida de las personas. Por citar algunos, el impacto negativo en el funcionamiento de habilidades cognitivas tales como la atención, la concentración o la capacidad de memoria, entre otros. También en el padecimiento de problemas físicos como dolores o lesiones músculo-esqueléticas, trastornos visuales o dificultades para dormir y descansar.  Igualmente ha afectado la salud mental y emocional expresada en altos niveles de estrés, ansiedad, irritabilidad y frustración que con frecuencia llevan a experimentar la sensación de estar bloqueados, no ser tan productivos y estar poco motivados.   

Estos que pueden clasificarse como algunos de los riesgos del teletrabajo ameritan regulaciones institucionales que afortunadamente ya están en curso, pero también nos aboca a asumir unas más sencillas y prácticas que están a nuestro alcance para evitar que esta nueva forma de seguir en las labores productivas no se convierta como le escuche a alguien en estos días en el “tripletrabajo”.

Sin querer agotar el tema, creo que una gran parte de la intervención tiene que ver con planear, coordinar y poner en funcionamiento de manera sostenida acciones que lo hagan más próximo a la normalidad en la que estábamos funcionando antes de todos estos acontecimientos. Hacer acuerdos para organizar las jornadas, las prioridades y así planificar las tareas y horarios de teletrabajo, estudio, actividades de cuidado de otros y quehaceres domésticos. Realizar actividades que rompan las largas jornadas de trabajo, practicar las famosas pausas activas, dividir los tiempos de descanso y trabajo, alejarse de las pantallas por un par de minutos y un sinnúmero de acciones que nos permitan descansar y hacer uso racional de nuestra energía, son recomendaciones que funcionan.

En fin, en esta conmemoración del Día del Trabajo, la idea es que si se requiere pensarse la actividad laboral virtual desde una preparación personal y cuidado y protección sicológica.


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