l
Opinión / DICIEMBRE 07 DE 2023

Elegir recuerdos

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Como en ese fenómeno del sueño en el que al despertar percibimos la sensación que nos deja (miedo, alegría, euforia, nostalgia), pero no recordamos con precisión la secuencia de imágenes o acciones de lo soñado, al finalizar el año tenemos en nuestra memoria un cúmulo de emociones y sensaciones que no necesariamente conectamos con las experiencias o momentos exactos que las provocaron. 

Los mecanismos indescifrables y caprichosos de la memoria y el olvido son así los mejores aliados para aliviar la carga de los pesares, las culpas y los miedos que se suceden a lo largo de los 365 días del año. Esto me hace pensar que constantemente estamos “editando” la vida, y no necesariamente para convertirla en literatura, sino para hacerla más llevadera. Pero lo que ocurre cuando decidimos poner por escrito las peripecias de nuestros días, y las ideas que fluyen sin cesar, es también una forma de organizar el caos de nuestras realidades, propiciar un diálogo con nuestra conciencia y acercarnos a la experiencia de la posteridad a través de la palabra. 

Llevar un diario, escribir cartas, enviar correos electrónicos, “mensajear” o “postear” a través de las redes y plataformas virtuales no dejan de ser expresiones de una necesidad comunicativa, pero también nemotécnica, terapéutica y pragmática en función de darle un norte a nuestra existencia y facilitar la comprensión y asimilación de algo tan abrumador e inexorable como el tiempo. Nuestra voz por escrito se alza por sobre el tic tac del reloj y nos permite privilegiar lo gozoso de la vida, eso que merece ser resaltado en el papel y en la memoria con colores vivos. 

En el inventario de lo que nos deja el año que se agota aparecen, aunque no las hayamos escrito, las memorias de muchas sensaciones y emociones positivas que alientan el beneplácito por un buen año. Reímos, cantamos, amamos, soñamos, y todo ello nuestra memoria lo guardará en un lugar privilegiado para que lo recordemos, teniendo presente que lo importante no fue el motivo de la risa, sino haber reído; que la canción pudo no ser una pieza maestra, pero lo que cuenta es haberla cantado y disfrutado; que el amor pudo ser o no correspondido, pero el solo hecho de dejarlo aflorar es ya un gesto revolucionario; que los sueños pudieron no cumplirse, pero nos despabilaron.   

Dentro de los propósitos para el año que se asoma a la vuelta de la esquina, uno de los más populares es el de “leer más”. También llegamos a fin de año con muchas satisfacciones por el recuerdo de lo leído, por los libros que encontramos o nos encontraron, y aunque no se nos grabe el nombre del autor o el título de la obra, aunque no podamos recitar de memoria fragmentos completos y pasemos por alto minucias como la editorial y la apariencia del volumen, sí que habrá una palabra, una escena, un personaje o una idea que nos marcará, a la que siempre quisiéramos regresar y volver a pasar por el corazón.  


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net