Opinión / MAYO 27 DE 2022

Emoción, razonabilidad o interés

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Seguimos en el proceso electoral y llegamos a la esperada primera vuelta. Han continuado los planteamientos de todos los sectores, siempre en función de hacer creer que los otros son los equivocados y nos van a llevar por mal camino. ¿Acaso hay otro peor?
No podemos aventurarnos, entonces, a imprecisas apreciaciones y menos cuando ellas soslayan la realidad, la cual debe ser siempre el referente central para todo tipo de análisis. Dónde y cómo vivimos, cuáles son las circunstancias a las que diariamente nos enfrentamos, en qué radican las soluciones o contratiempos, hay o no justeza frente al respeto de los derechos ciudadanos; en fin, preguntarnos por la cotidianidad personal, laboral o colectiva.

De allí es posible iniciar el camino para las diferentes decisiones, todas ellas que, directa o indirectamente, afectan la vida ciudadana y más ahora cuando estamos disfrutando la anunciada “nueva normalidad” que significa enfrentar otras crisis y comprobar que las anteriores no se han superado; todo lo contrario, seguimos en un planeta en el cual los valores, las verdades universales, el sentido común, agravan las incertidumbres. En otros términos, podemos estar traspasando líneas que ahondan la precariedad y que, desde los limitados privilegios del sector intermedio de la sociedad, creemos que todo está bien, mientras múltiples dimensiones de la vida diaria como el trabajo en calle, el analfabetismo, el alto índice de desempleo, las dificultades para llegar y permanecer en el sistema educativo, todo tipo de exclusión, por solo mencionar algunas, siguen avanzando.

Como puede verse, estamos ante una vulnerabilidad comunitaria. La misma que si no la enfrentamos con el convencimiento de esta casi ya cuarta parte del siglo 21, nos acerca cada vez más a creer como dijera un gran pensador, “tener sed no es lo mismo que necesitar Coca-Cola”.

Estas reflexiones, sugeridas desde el título, son un llamado a la responsabilidad grupal, a entender que los derechos y deberes hacen parte de la conversación diaria. Debemos procurar una comprensión del tiempo que vivimos, declararnos defensores del bienestar y buen vivir, identificar en los detalles la grandeza del ser y el alto sentido de solidaridad; que las transiciones son posibles si se asumen con respeto, sin monoculturas que atenten contra la sensatez, con alto grado de consensos sociales.

Por todo esto invito a que, masivamente, afrontemos la decisión de país este domingo, apelando a una ecología del bien para todos, de tal suerte que estemos ciertos que hubo limpieza de espíritu cuando, al tomarla, tengamos claro si fue consecuencia de la emoción, la razonabilidad o el interés.  


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