Opinión / JUNIO 10 DE 2021

Entre la tradición y la novedad

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La polarización en la que está inmerso el país hace décadas, ha cobrado la vida y desaparición de miles de colombianos, la agudización de la inequidad social, la concentración del poder y banalización de la corrupción. Sin embargo, desde 2019 el descontento ha dejado de estar circunscrito a la familia, si acaso a unos pocos pares, para saltar a las calles y manifestarse con la fuerza, resistencia e ímpetu de la resistencia propia de la juventud. El receso pandémico no solo ha agudizado la pauperización de la población, sino que ha potenciado aún más el encono y la necesidad de expresión de la frustración, la desesperanza y la lucha por la dignidad. 

Pero mientras los jóvenes, los trabajadores y las clases populares claman visceralmente por justicia, equidad, empleo y oportunidades para una vida digna, los amos del poder niegan, tergiversan, trivializan y desestiman la expresión de decepción que produce un modelo de gobierno ajeno al bien común que administra y legisla en beneficio de sus propios intereses y satisfacción de la ambición anclada en la egolatría, la exclusión y la predación. 

En un contexto de realidad primario como el colombiano, propio de la incompetencia lectora del gobierno para responder a una realidad que se les estrella en la cara, estas estructuras megalómanas y anosognósicas corresponden al instinto natural, muy fuerte en los humanos: preservar el poder. Un poder con el cual asegura la supervivencia y que después de adquirido, el impulso es mantenerlo a todo costo. Pero como no es posible que todos lo tengan, en los demás sobreviene una conducta adaptativa: en unos, la oposición; en otros, la subordinación. La oposición ve en el poder los errores, la endogamia, la inequidad y la tiranía en el ejercicio institucional; por lo tanto, se postulan como alternativa para subsanar los excesos del gobierno. Mientras tanto, los seguidores del poder se adhieren, defienden, avalan e incluso, adulan; en últimas, consideran que el apego al modelo imperante y la sumisión aseguran la supervivencia. Pero hay un momento en que la sumisión colapsa y el reclamo por mejores condiciones comienza a expresarse. En Colombia ha iniciado.

La razón reside en las estructuras cerebrales. Un hemisferio —el derecho— se aferra a la tradición, a mantenerse en el statu quo, teme romper con la rutina, le huye a la novedad, es sumamente conservador y autoritario; para este hemisferio es mejor malo conocido que bueno por conocer, es responsable de la resignación, su esencia es el apego. El otro hemisferio —el izquierdo— tiene una perspectiva completamente diferente: busca la novedad, la tendencia es experimentar, es atrevido y temerario; no se resigna, busca alternativas, es creativo, cuestiona y confronta; es el hemisferio de la apertura, sin prejuicios y dispuesto al diálogo y la inclusión. Estos comportamientos son los propios de mentes juveniles, abiertas y liberales; todo lo contrario al hemisferio derecho: cerrado, arbitrario y soberbio.

Así pues, estamos entre dos fuerzas biológicas en el contexto de lo social, económico y político. La derecha: conservadora, tradicional y restrictiva; y la liberal: osada, novedosa e incluyente.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net