Opinión / ENERO 03 DE 2012

Entre Peralonso y Palonegro

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Un capítulo triste y desastroso de nuestra historia, la Guerra de los Mil Días, “la más terrible, prolongada y destructora de las contiendas civiles del siglo XIX, albores del XX”(1), constituye en la pluma del escritor y fotógrafo Rafael Baena, en una vigorosa crónica novelada (2), una puesta en escena de inmenso valor histórico y literario.

La contienda que comenzó el 18 de octubre de 1899 con ataques constantes sobre Piedecuesta y Floridablanca, era una protesta guerrera y revolucionaria contra la Constitución del 86, con epicentro en los santanderes y el protagonismo de los generales Rafael Uribe Uribe, Benjamín Herrera, Justo Durán y Gabriel Vargas Santos. Las conocidas batallas de Peralonso y Palonegro, recuerdan la historia de los enfrentamientos partidistas como uno de nuestros desastres seculares.

Rafael Baena utiliza un lenguaje impecable para dibujar con maestría a cuatro hermanos, los Orduz Azuero, imbuidos en la tragedia de la guerra. Los hombres, Marcial y Vicente, dos oficiales de la causa revolucionaria y las mujeres, Débora y Micaela, responsables de la administración de la hacienda, colaboradoras entusiastas, figuras paradigmáticas del temple y belleza de la mujer santandereana. “Lo más duro, lo peor, es bregar para que las tragedias de los demás no te carcoman el corazón y las entrañas. Son tiempos tenebrosos, hermanita...” (pág 45).

Claudio, un personaje cubano, amigo de Micaela, señala sin más ambages: “Puede darse usted por satisfecha, señora: anoche, cientos de guerrilleros abordaron siete buques anclados en los muelles del río, balearon a todo aquel que trató de oponérseles y zarparon aguas arriba por el Magdalena... es la guerra, la misma fatalidad que me ha correteado a través de México, Cuba y centroamérica.” (pág 111).

Estos descarnados y valientes personajes, no son ajenos a la tragedia de la guerra, a los enfrentamientos civiles que inundó la nación de sangre y desolación, que nos llevó a la pérdida de Panamá y condujo al país a tiempos de penuria y pobreza. Lectura de valor indiscutible que me permito recomendar.

La novela histórica siempre tiene sus riesgos, frente al manejo de los datos y los hechos reales y en relación con la ficción encarnada en una familia santandereana, cuyos sufrimientos recorren la trama de esta novela alucinante.
1) Nueva Historia de Colombia. vol. 2. Alvaro Valencia Tovar. Planeta. 1989. 476 páginas.
2) La bala vendida. Rafael Baena. Alfaguara. 2011. 278 páginas.

PD: A mis lectores, amigas y amigos, les deseo un venturoso y feliz año de 2012.


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